2026-03-04

SILUETT: disciplina, sintetizadores y una nueva forma de rebelión sonora


SILUETT irrumpe con un gesto de inconformidad elegante con su álbum Visitors que se perfila como un manifiesto de disciplina sonora dentro del resurgimiento del post-punk contemporáneo. El primer adelanto, Blindside, no sólo presenta la estética de la banda: también plantea una pregunta inquietante sobre el desgaste emocional de la vida moderna.

Originarios de Uppsala y consolidados en los estudios de Stockholm, los integrantes de SILUETT llegan con un bagaje que atraviesa distintos proyectos de la escena alternativa escandinava: Rotten Mind, Earth Girls, Real Tears y Siamese Twins. Esa mezcla de trayectorias se percibe en su lenguaje musical: una tensión constante entre la urgencia punk y una precisión melódica casi quirúrgica.

En “Blindside”, las guitarras no buscan el exceso; funcionan como cuchillas que abren paso entre capas de sintetizadores que vibran con una frialdad casi industrial. El bajo sostiene el pulso con obstinación minimalista, mientras la percusión avanza con una regularidad mecánica que recuerda la estética de la música urbana británica de los primeros años ochenta. No es casual: SILUETT parece dialogar con aquella tradición en la que la alienación social se convertía en materia prima artística.

Sin embargo, el grupo no se limita a la nostalgia. La producción del álbum —pulida, clara, casi clínica— introduce un contraste interesante: en lugar de suavizar la emoción, la coloca bajo una luz directa, revelando su tensión interna. Las guitarras se estiran como cables tensos; los sintetizadores flotan como señales en la niebla; y el ritmo insiste con una energía contenida que empuja la canción hacia adelante.

En el plano lírico, “Blindside” aborda la inercia de la vida contemporánea: esa sensación de avanzar dentro de sistemas que parecen diseñados para producir cansancio emocional y desencanto político. Pero lejos de quedarse en el lamento, la canción convierte esa fatiga en impulso. El estribillo emerge como un pequeño acto de resistencia: repetir el ritmo para recuperar la voluntad.

Dentro del mapa global del revival post-punk, la aparición de SILUETT resulta especialmente consciente. Visitors no pretende recrear un sonido del pasado, sino interrogarlo. En un país como Suecia —conocido por exportar pop de precisión impecable— el grupo apuesta por algo distinto: una estética de inquietud calculada, donde la frialdad sonora se convierte en una forma de lucidez.

Si Visitors cumple la promesa que anticipa “Blindside”, el álbum podría situar a SILUETT entre las propuestas más intrigantes del nuevo post-punk europeo: música que no busca escapar del mundo moderno, sino despertar dentro de él.


2026-03-03

"DISPLACED" no golpea: se filtra. La propuesta de R E P < > L ^ K N T baja la temperatura varios grados.


 

Los mismos replicantes, otro costado de la misma obsesión. Steve Klocken O Mann y Michael Skye —esta vez sin el tercer miembro que completaba MIKROMETRIK— despliegan en "DISPLACED" una capa diferente de su identidad múltiple. Donde el otro proyecto golpeaba con la regularidad de un martillo hidráulico, este se filtra por las rendijas, envuelve, congela.

El comunicado que acompaña el lanzamiento juega con las palabras como si él mismo fuera una máquina trabada: "more and more of the coldwave, dark synth, synth wave, electro-industrial, ebm, synth pop, retro wave, and so much more what to the not...ing...ness!! in every sense and sort of...tense!". La repetición, los puntos suspensivos, esa sensación de algo que intenta avanzar y se atasca —todo eso está también en la música.

Las bases no buscan el golpe seco en el pecho. Prefieren acumularse en capas, construir atmósferas donde la temperatura desciende lentamente. Los sintetizadores ocupan espacios que en otros contextos llenarían las guitarras. Las voces, cuando aparecen, suenan procesadas hasta volverse otro instrumento. La etiqueta de "coldwave" encaja aquí con más precisión que en ningún otro lado: es música que transmite la sensación de caminar por una ciudad vacía a las tres de la mañana, con la calefacción rota y la certeza de que nadie va a venir a arreglarla.

La invitación sigue siendo la misma que en su proyecto hermano: "mostradnos vuestro interior androide. Y bailad con nosotros". Pero el baile que propone DISPLACED no es el de la catarsis violenta, sino el del movimiento contenido, el de los cuerpos que se mueven solos en una pista casi vacía porque detenerse sería peor.

R E P < > L ^ K N T no busca la novedad. Trabaja con materiales conocidos —el synth pop de los ochenta, la oscuridad del coldwave, la precisión del EBM— pero los ensambla de manera que parecen recién inventados. O quizás no: quizás lo que parecen es recién recordados.


2026-03-02

Del odio, la guerra y la destrucción: el nuevo proyecto paralelo de miembros de Klockenhouzer no ofrece redención


Un martillo no reflexiona sobre lo que golpea. Cumple su función y sigue.

MIKROMETRIK funciona con la misma lógica. El proyecto oscuro de Steve Klocken O Mann y Michael Skye —miembros también de otras criaturas del underground— mide el pulso de la destrucción humana sin detenerse a juzgarla. Simplemente la registra y la devuelve en forma de ritmo.

"Hell Is Empty" bucea en lo que las personas hacen cuando se sueltan de ataduras: guerra, muerte, odio, devastación. El álbum no ofrece coartadas ni segundas oportunidades. Los temas pasan sin pedir permiso, sin explicarse, sin buscar redención en ninguna esquina.

"When Hate Prevails" funciona como resumen y puerta. Los ritmos no avanzan: caen. Uno tras otro, con la regularidad de algo que no necesita variación porque su fuerza está en la repetición. La agresión tiene pulso, late, y ese latido organiza el cuerpo de quien escucha tanto para el golpe como para el movimiento. Bailar entre ruinas no es una metáfora: es la instrucción exacta de lo que proponen.

Lo que MIKROMETRIK practica aquí se mueve entre dos aguas: por un lado la electrónica oscura de pulsos precisos, por otro un peso que remite a terrenos más duros, a ese costado del proyecto que firmarían como MMR cuando las guitarras entran a machacar. Ambas caras comparten la misma visión: la humanidad y las máquinas frotándose hasta que algo chispea.

No hay consuelo en estos cortes. Tampoco lo buscan.


2026-03-01

Victor Yann recupera canciones perdidas de su proyecto neofolk con la guía invisible de William Butler Yeats


 En algún lugar del sur de Francia, entre viñedos y ruinas romanas, Victor Yann lleva años tejiendo un universo sonoro que ahora encuentra parte de su archivo secreto en "Rood of Time". El cassette, editado por el sello Hidden Crypt, reúne material inédito de Swesor Bhrater y cumple una función doble: rescatar canciones que habían quedado en el limbo y financiar futuros eventos de la escena underground que los sostiene.

La formación es un rompecabezas de texturas que ninguna etiqueta resuelve del todo. Otto Daf maneja las gaitas e instrumentos antiguos con la naturalidad de quien ha crecido entre ellos. Gebo sostiene el bajo y aporta voces adicionales. Yule pone la voz femenina y las cajas de ritmos. Y al frente, Victor Yann orquesta el conjunto, manejando las partes electrónicas con la sensibilidad de alguien que mamó la cultura underground de los ochenta a través del trabajo de su hermano mayor, Alaxis Andreas G., del proyecto Le Syndicat Electronique.

Pero hay un quinto miembro invisible que guía cada tema: el poeta William Butler Yeats. Su espíritu recorre las canciones no como simple inspiración, sino como una brújula interna que marca hacia dónde deben mirar las melodías. Los versos del irlandés, siempre atrapados entre lo pagano y lo místico, encuentran en Swesor Bhrater un vehículo que no intenta traducirlos, sino habitarlos.

El neofolk que practican no cae en los tópicos del género. Las gaitas no suenan a estampa postal, sino a algo más antiguo y más incómodo. Las voces femeninas flotan sobre ritmos programados con una frialdad que contrasta con el calor orgánico de los instrumentos tradicionales. Esa tensión entre lo ancestral y lo mecánico, entre la tradición y la electrónica, genera un espacio sonoro donde las canciones respiran de forma impredecible.

"Rood of Time" suena a material encontrado, a cintas que llevaban años esperando su momento. Y quizás por eso tiene esa cualidad fantasmal, como si las canciones hubieran existido siempre y alguien se hubiera limitado a sacarlas a la luz.


2026-02-28

"MNZK" no se escucha, se soporta y Mononoizick lleva el beat destructivo al límite de lo soportable

 


Hay música que se escucha. Otra que se siente en el pecho. La de Mononoizick se sufre con el cuerpo entero, como una descarga eléctrica mal regulada o el momento justo antes de que una grúa pierda el control de la carga. "MNZK", su nueva publicación, no pide ser entendida: pide ser soportada.

Lo que Joacim Thenander —porque detrás del ruido está él, siempre él— ha construido aquí se resiste a cualquier categoría cómoda. Industrial se queda corto. Metal no tiene guitarras. Noise es solo un ingrediente. Entonces aparece la fórmula que ellos mismos proponen: Noize Metal. Un oxímoron perfecto para un sonido que vive precisamente en esa grieta.

Los ritmos no avanzan: atropellan. Diseñados como fallos de sistema, como pulsos cardiacos registrados en una UCI después de una sobredosis, cada golpe suena a metal contra metal. No hay concesiones melódicas, ni ganchos que rescaten al oyente. Las bases no se construyen, se deforman. La voz no canta: ataca. Un growl que funciona más como herramienta de demolición que como medio de expresión. Y al fondo, un ingeniero que trata los beats como si fueran errores de programación y los organiza en coreografías destructivas.

En directo, aseguran, la experiencia se vuelve insoportable en el mejor sentido. Una instalación a punto de fundir los plomos, un generador que acelera sin control. La descripción que hacen de sí mismos es tan precisa que duele: "Una máquina que glitchea, sangra, grita — y sigue funcionando".

"MNZK" no es un disco para agradar. Es un ejercicio de resistencia para quien lo crea y para quien lo recibe. Pero en esa incomodidad calculada, en esa negativa a ofrecer refugio, encuentra su razón de ser. Música que no abraza: golpea. Y a veces, eso es exactamente lo que hace falta.


SILUETT: disciplina, sintetizadores y una nueva forma de rebelión sonora

SILUETT irrumpe con un gesto de inconformidad elegante con su álbum Visitors que se perfila como un manifiesto de disciplina sonora dentro d...