No hace falta vivir entre fiordos para invocar al norte. Herkunft lo demuestra desde su base en la región del Rin Meno, cerca de Frankfurt, donde construye un folk nórdico que transpira mitología y era vikinga. Heiðabýr es su nuevo álbum, ocho canciones que funcionan como portales hacia un pasado que nunca termina de desaparecer.
"Vargarljóð" y "Rán" se destacan entre los cortes. La primera evoca al lobo, esa figura que acecha en los bordes de la cosmogonía nórdica. La segunda lleva el nombre de la diosa del mar, una presencia que reclama su espacio entre cuerdas y percusiones ancestrales. Las composiciones evitan el estereotipo del folk de cartón piedra. Hay una investigación sonora que va más allá de los clichés, una búsqueda de texturas que suenan a madera, a viento, a piel estirada sobre aros de árboles caídos.
Herkunft logra algo difícil: que un proyecto alemán de folk vikingo no suene a disfraz. Suena a devoción. Suena a memoria elegida. Suena a la convicción de que el norte es un territorio del espíritu, no solo una coordenada geográfica.


