2026-03-27

Del inglés al español sin red: PILGRIMS explora la dualidad lingüística en su nuevo álbum

 


PILGRIMS no necesita mirar al cielo para entender la dualidad. La llevan en el acento, en los kilómetros que separan su origen sudamericano de su presente, en las lenguas que se cruzan cuando Juls Garat canta. Gemini es el registro de esa condición: un álbum que no elige entre la electricidad del synthpop y la textura del shoegaze, entre la inmediatez del post-punk y la densidad atmosférica.

Los doce cortes transitan con soltura inusual. Hay momentos donde los sintetizadores se adueñan del paisaje, otros donde las guitarras recuperan la aspereza de los primeros trabajos. Pero la palabra clave aquí es consolidación, no ensayo. Claudio Marcio explica que querían más capas sin perder la crudeza original, y el resultado suena exactamente como esa ecuación resuelta: un disco que brilla sin pulirse del todo, que invita al baile sin renunciar a la incomodidad.

El componente bilingüe añade una capa de complejidad que PILGRIMS asume sin solemnidad. Garat confiesa que escribir en español resultó más difícil que hacerlo en inglés, que la exposición es mayor cuando cantas en tu lengua materna. Pero esa tensión se traduce en canciones donde cada palabra parece elegida con el peso de quien sabe que no puede esconderse detrás del idioma.

Gemini suena como su portada debería sonar: luces de neón sobre un fondo que sigue siendo oscuro, ritmos que empujan hacia adelante mientras la nostalgia tira hacia atrás. Para quien creía que la música de raíz post-punk ya había dicho todo, PILGRIMS llega a recordar que la frescura a veces viene de saber nadar entre dos aguas sin ahogarse en ninguna.

La tristeza que atrapa: Soror Dolorosa estrena Aurora, un disco que convierte el duelo en gancho melódico


 

Soror Dolorosa entrega Aurora y demuestra que el dolor también puede tener cadencia bailable. Seis canciones donde la melancolía no se arrastra sino que avanza con paso firme, sostenida por sintetizadores que funcionan como faros en medio de la bruma emocional.

"A Dead Yesterday" abre fuego con un pulso que parece sacado de una consola de los ochenta, esa energía contagiosa que desmiente cualquier prejuicio sobre la música oscura. La voz llega grave, sin aspavientos, dejando que la instrumentación haga el trabajo pesado. "Autumn Wounds" mantiene el rumbo: bajo sólido, ritmo machacón, esa sensación de que alguien está recordando algo que pasó en agosto y todavía escuece.

El disco gana en matices a medida que avanza. "Silver Square" aprieta las tuercas emocionales con un estribillo que golpea donde duele. "Beau Suicide" reduce la velocidad lo justo para que el título se asiente como una confesión incómoda. Y "Trembling Androgyneous" construye su propia tormenta, capa tras capa, hasta que la angustia se vuelve tangible como un cielo que lleva semanas gris.

El cierre con "Everyway" condensa la paradoja que sostiene todo el álbum: es imposible no sentirse atraído por algo que, en teoría, debería alejarnos. Como mirar un accidente con la certeza de que ahí, entre los escombros, hay algo que nos pertenece.

Soror Dolorosa opera en la intersección exacta entre el cold wave y el rock gótico, pero las etiquetas quedan cortas. Esto es música para quien entiende que la nostalgia bien administrada puede ser un motor, no una condena.

2026-03-26

Alien Skin se despacha con Kiss Me Into Ruin: cuatro cortes de post-punk grabados bajo el sol australiano que reniegan del verano

 


Melbourne arde bajo el sol de enero mientras Alien Skin graba el EP más invernal de su carrera. Kiss Me Into Ruin no es un disco para playas ni terrazas. Es, en sus propias palabras, el resultado de una cabeza que no puede torcerse hacia la ligereza cuando el mundo se siente como una fractura abierta.

Cuatro canciones. Cuarenta y dos minutos si se dejan respirar. La apertura con "She's Like a Diamond" establece el territorio: guitarras que no consuelan, una voz que recita más que canta, esa sensación de que el aire se ha espesado. El tema titular condensa la paradoja que da nombre al EP (el deseo como autodestrucción consentida) mientras "Black Messy Mascara" cierra con el testimonio más explícito de una pérdida que, según confiesa el proyecto, nunca deja de rondar.

Hay ecos de Lebanon Hanover en la economía de medios, de She Past Away en la densidad atmosférica, pero también una voz que prefiere el murmullo al gesto. Kiss Me Into Ruin suena como esas cartas que se escriben sabiendo que nunca van a leerse. Un ejercicio de exorcismo donde el verano queda afuera, condenado a ser testigo.


2026-03-25

Ari Mason celebra una década de Creatures con Creatures X: diez remixes que revisitan su obra fundamental

 


Diez años dan para mucho. En el caso de Ari Mason, dan para Creatures X: diez remixes que celebran la vida de un álbum que definió su carrera. La cantante y compositora con sede en Los Ángeles no ha querido limitarse a un relanzamiento cualquiera; es una reinterpretación de las canciones que el 25 de marzo de 2016  la instalaron en la intersección entre el synthpop y el darkwave.

El original Creatures ya era un ejercicio de contención elegante: sintetizadores minimalistas, ritmos espaciados y una voz que prefería la sugestión al estallido. Mason manejaba entonces un equilibrio preciso entre la frialdad de la instrumentación y la calidez de unas letras que hablaban de deseo, traición y anhelo con una honestidad desarmante. Temas como "Beasts Tonight" y "Heaven's Gate" funcionaban como pequeños artefactos de tensión contenida, mientras "Sleep Still" coqueteaba con la dream pop sin perder la identidad.

Ahora, con Creatures X, esas mismas canciones se abren a nuevas lecturas y expanden el espectro experiencial: algunos intensifican el pulso industrial, otros profundizan en la densidad atmosférica. Pero en todas las versiones se preserva aquello que hizo único al material original: la presencia magnética de una vocalista que sabe que la sutileza también puede ser una forma de poder.


2026-03-23

Para los márgenes y la noche: Buzz Kull presenta Deep Hate, un nuevo capítulo en su linaje de darkwave apocalíptico


Deep Hate no es un disco para presentaciones formales. Es el sonido de alguien que ha pasado más de una década afinando el equilibrio entre el latido industrial y el gancho pop, y que ahora entrega su declaración más afilada. Cuatro canciones. Cuatro golpes. Ninguna concesión.

Buzz Kull —el proyecto de Adam Dwyer— opera desde hace años en ese territorio incómodo donde las pistas de baile se vuelven catedrales vacías. En Deep Hate, esa tensión alcanza su punto más alto: cajas de ritmos que castigan con precisión militar, líneas de sintetizador que no acompañan sino que acechan, y una voz que canta como quien susurra en medio de una tormenta eléctrica. La herencia del Black Celebration de Depeche Mode y la rigidez rítmica de Front 242 están ahí, pero filtradas por una sensibilidad contemporánea que no necesita citas para hacerse entender. Deep Hate suena a madrugada de club cuando quedan cuatro personas en la pista y ninguna quiere que la música pare.


Del inglés al español sin red: PILGRIMS explora la dualidad lingüística en su nuevo álbum

  PILGRIMS no necesita mirar al cielo para entender la dualidad. La llevan en el acento, en los kilómetros que separan su origen sudamerican...