2026-02-28

"MNZK" no se escucha, se soporta y Mononoizick lleva el beat destructivo al límite de lo soportable

 


Hay música que se escucha. Otra que se siente en el pecho. La de Mononoizick se sufre con el cuerpo entero, como una descarga eléctrica mal regulada o el momento justo antes de que una grúa pierda el control de la carga. "MNZK", su nueva publicación, no pide ser entendida: pide ser soportada.

Lo que Joacim Thenander —porque detrás del ruido está él, siempre él— ha construido aquí se resiste a cualquier categoría cómoda. Industrial se queda corto. Metal no tiene guitarras. Noise es solo un ingrediente. Entonces aparece la fórmula que ellos mismos proponen: Noize Metal. Un oxímoron perfecto para un sonido que vive precisamente en esa grieta.

Los ritmos no avanzan: atropellan. Diseñados como fallos de sistema, como pulsos cardiacos registrados en una UCI después de una sobredosis, cada golpe suena a metal contra metal. No hay concesiones melódicas, ni ganchos que rescaten al oyente. Las bases no se construyen, se deforman. La voz no canta: ataca. Un growl que funciona más como herramienta de demolición que como medio de expresión. Y al fondo, un ingeniero que trata los beats como si fueran errores de programación y los organiza en coreografías destructivas.

En directo, aseguran, la experiencia se vuelve insoportable en el mejor sentido. Una instalación a punto de fundir los plomos, un generador que acelera sin control. La descripción que hacen de sí mismos es tan precisa que duele: "Una máquina que glitchea, sangra, grita — y sigue funcionando".

"MNZK" no es un disco para agradar. Es un ejercicio de resistencia para quien lo crea y para quien lo recibe. Pero en esa incomodidad calculada, en esa negativa a ofrecer refugio, encuentra su razón de ser. Música que no abraza: golpea. Y a veces, eso es exactamente lo que hace falta.


2026-02-26

Kraftwerk revitalizado: el sonido de Maschine Brennt actualiza la herencia alemana sin caer en la nostalgia

 


Joacim Thenander pasó meses en soledad frente a sus sintetizadores. Sin ingenieros, sin productores externos, sin miradas que juzgaran el proceso. Solo él y las máquinas, en una conversación prolongada que terminó por convertirse en "Music for Machines", un álbum que lleva el título con una honestidad casi quirúrgica: esto es música hecha por y para dispositivos electrónicos, aunque en sus pliegues se cuele inevitablemente lo humano.

Lo primero que llama la atención es la firma artesanal de todo el proceso. Thenander no sólo compuso las piezas: las programó, las interpretó, las produjo. Cada decisión sonora lleva su huella, y eso se nota en la coherencia interna del trabajo. No hay interferencias, no hay capas añadidas por compromiso. Lo que suena es lo que él quiso que sonara, en el orden y la intensidad precisos.

Las comparaciones con Kraftwerk son inevitables y, en este caso, justas. Pero no porque Thenander los imite, sino porque recoge la herencia y la hace avanzar unos pasos. Donde los alemanes construyeron catedrales de minimalismo electrónico, él levanta estructuras más flexibles, con un pulso contemporáneo que las hace reconocibles sin caer en la nostalgia fácil. Es como si el espíritu de Düsseldorf hubiera viajado en el tiempo y aterrizado en un estudio actual con la orden de no repetir viejas fórmulas, sino de preguntarse qué sonido habrían buscado aquellos pioneros si dispusieran de las herramientas de hoy.

El álbum fluye con una naturalidad mecánica, paradójicamente orgánica. Las piezas no se apresuran, no necesitan demostrar nada. Construyen sus atmósferas ladrillo a ladrillo, dejando que el oyente se acerque a ellas en lugar de salir a su encuentro. Es música que no mendiga atención, pero la retiene sin esfuerzo cuando se le presta.

Al final, "Music for Machines" plantea una pregunta incómoda: si las máquinas hicieran música para sí mismas, ¿sonaría así? Probablemente no. Porque detrás de cada secuencia, de cada elección armónica, está la mano de Thenander decidiendo qué merece quedarse y qué debe desaparecer. Lo humano, al final, se cuela por las rendijas.


2026-02-25

SISSY MISFIT lanza su tercer disco: ruido controlado, voces integradas y una anomalía pop que no pide permiso


 La primera vez que suena "SISSY FXXXCKING MISFIT" algo se desplaza en el aire. No es solo música: es una fiesta molecular, una descomposición controlada del sonido que encuentra su orden en el desorden. SISSY MISFIT, el proyecto que se autodenomina "anomalía pop", entrega aquí su tercer asalto de estudio y lo hace con la seguridad de quien sabe que ha encontrado una fórmula —aunque esa fórmula consista precisamente en no tenerla.

Lo más inmediato que golpea es la textura. Áspera, sí, pero nunca hostil. Los elementos más duros no se lanzan contra el oyente, sino que se deslizan por la mezcla como si siempre hubieran estado ahí, como si el ruido fuera parte natural del mobiliario sonoro. La producción respira con una confianza poco común: las voces no compiten por el protagonismo, ocupan su lugar y dejan que el resto del ecosistema florezca a su alrededor. Es un gesto de madurez en un género donde lo fácil sería saturar cada espacio disponible.

"SISSY FXXXCKING MISFIT" no es un disco que se entregue completo a la primera escucha, ni que responda a las mismas preguntas para todo el mundo. Funciona como un prisma: según cómo lo mires, refleja algo distinto. Para unos será la banda sonora de una noche sin retorno; para otros, un experimento que no pide visita frecuente. Y eso, en sí mismo, es un logro.

En el fondo, lo que SISSY MISFIT ha construido aquí es un espacio donde conviven lo urgente y lo meditado, la pista de baile y la habitación a oscuras. Un lugar donde el pop se deforma lo suficiente para volverse interesante, pero no tanto para resultar irreconocible. Una anomalía, sí. Pero de las que merece la pena seguir.


Consistency de Vikowski: La Persistencia del Sonido en la Oscuridad


 En el mapa de la nueva ola y el post-punk contemporáneo, pocos nombres han sabido evolucionar con tanta coherencia como Vikowski. Lo que comenzó a mediados de la década pasada como un proyecto solista de sintetizador y melancolía urbana para Vincenzo Coppeta en Milán, se ha transformado gradualmente en un organismo colectivo de tres cabezas que encuentra en "Consistency" su forma más definida y poderosa. Este álbum, lanzado el 30 de enero de 2026 a través del sello francés Icy Cold Records en CD, vinilo y formato digital, no es solo el sucesor de "The Long Run" (2021); es la culminación de un viaje de una década hacia la esencia misma del post-punk.

La historia de Vikowski es la de una metamorfosis lenta pero implacable. Nacido como un escape synth-pop para Coppeta, con un EP homónimo en 2015 y un debut ("Beyond the Skyline", 2017) que aún coqueteaba con texturas electrónicas, el proyecto fue absorbiendo la oscuridad progresivamente. La incorporación del guitarrista Alessandro Panzeri y el baterista/productor Lorenzo Pisanello no fue un mero cambio de formación, sino una mutación genética que empujó el sonido hacia direcciones más atmosféricas y densas. "The Long Run" (2021) ya apuntaba maneras con su sonido cinematográfico a base de piano y sintetizadores, pero "Consistency" da el paso definitivo: aquí, la guitarra es el nuevo centro de gravedad, y todo lo demás orbita a su alrededor.

El álbum se construye sobre una paradoja fértil: minimalismo melódico y profundidad emocional. La huella de bandas como Joy Division y The Cure es evidente, pero no como calco, sino como gramática asimilada para hablar un idioma propio. La guitarra de Panzeri no busca el virtuosismo, sino la textura precisa: a veces cortante, a veces difusa, siempre al servicio de la atmósfera. La base rítmica de Pisanello es un estudio de contención, permitiendo que el bajo y la voz de Coppeta —cargada de una soledad que no pide auxilio, solo constata— naveguen sobre corrientes hipnóticas.

El núcleo temático de "Consistency" es, como su título indica, la persistencia. No la heroica, sino la cotidiana: permanecer presente en relaciones que exigen compromiso y cambio, mantener los vínculos cuando todo invita a la desconexión. Esta reflexión sobre la resistencia en lo personal encuentra un correlato perfecto en la estructura musical. Las canciones no buscan el clímax fácil, sino la construcción gradual, el riff que se repite hasta volverse mantra, la melodía que se graba sin estridencias.

El álbum se abre con los temas que ya aparecieron como adelantos en la segunda mitad de 2025 y principios de 2026: "Warsaw", "Pollution", "Decay" y "Dedication", reunidos previamente en el EP digital homónimo. Estas cuatro piezas funcionan como una declaración de intenciones sonora. "Warsaw" evoca la frialdad urbana de la Europa del Este con guitarras que son como cuchillas de hielo. "Pollution" no habla solo de contaminación ambiental, sino de la saturación emocional de la vida contemporánea. "Decay" es un ejercicio de descomposición controlada, donde la melodía lucha por mantenerse erguida entre capas de distorsión. Y "Dedication" cierra este primer movimiento con una afirmación de lealtad en tiempos de fragmentación.

El resto del álbum, que completa el tracklist hasta formar un LP de duración clásica, profundiza en estas coordenadas. La producción, a cargo del propio Pisanello, logra el difícil equilibrio entre la calidez analógica y la claridad digital. Los graves tienen cuerpo, las guitarras respiran y la voz de Coppeta se sitúa en el lugar exacto: ni demasiado adelantada, ni sepultada entre las texturas.

"Consistency" es, en definitiva, la obra de madurez de una banda que ha encontrado su voz a través del tiempo y la colaboración. Vikowski demuestra que el post-punk no es un museo de sonidos del pasado, sino un lenguaje vivo para expresar las ansiedades y bellezas del presente. Un disco sobre quedarse, sobre resistir, sobre encontrar belleza en la repetición y el cambio. Un álbum que, como las relaciones que describe, recompensa la persistencia de quien lo escucha.


2026-02-23

Presiona play y déjate llevar: "Interaction" es la banda sonora perfecta para el arranque de 2026

 


Cuando un año comienza, la música que lo acompaña suele definir su temperatura emocional. El sello Barcelonés Side Up Works lo sabe bien, y por eso ha elegido abrir 2026 con "Interaction", un EP firmado por Skahr que no sólo marca el compás de inicio, sino que establece un estándar de calidad y profundidad para todo lo que está por venir. Con el código SUW043, este lanzamiento es un viaje que oscila entre la hondura emocional y la fuerza rítmica, un equilibrio difícil de lograr y que aquí se resuelve con una naturalidad pasmosa.

El EP se abre con "13 AM", una pieza que cuenta con la colaboración vocal de Hina. Desde los primeros compases, queda claro que no estamos ante un track de club al uso. Es una composición introspectiva y atmosférica, envuelta en una calidez que contrasta con la frialdad que a menudo domina la electrónica más abstracta. La voz de Hina no es un adorno, sino un instrumento más, integrada en la textura general con una delicadeza que permite que la melodía respire y se expanda. Hay una cualidad casi cinematográfica en esta apertura, como la banda sonora de un amanecer después de una noche de revelaciones.

El contraste llega con "Captain. Guts" , un corte que acelera el pulso sin perder la complejidad. La producción es más directa, más orientada al cuerpo, con un groove sintético que funciona como motor narrativo. Pero no es un tema simple; bajo la superficie bailable se esconde una tensión narrativa que mantiene al oyente enganchado, preguntándose hacia dónde se dirige la historia. Es el tipo de pista que funciona tanto en la pista como en los auriculares, revelando diferentes capas según el contexto.

La segunda mitad del EP está dedicada a las reinterpretaciones, y aquí es donde "Interaction" demuestra su riqueza conceptual. Pyrame se encarga de reimaginar "13 AM" , transformando la pieza original en una versión más hipnótica y orientada al club. Lo fascinante es que, a pesar del cambio de enfoque, el núcleo emocional no sólo se mantiene, sino que se potencia. La calidez introspectiva se convierte en un pulso compartido, una experiencia colectiva que no renuncia a la profundidad.

El cierre llega de la mano de Vongold & Fargo Devianti , que toman "Captain. Guts" y la llevan a territorios psicodélicos. Su versión es un viaje de capas expansivas y ritmo inmersivo, donde la tensión original se despliega en espirales de sonido que invitan a perderse. Es un final que cumple la promesa del EP: presionar play y dejarse llevar, estés donde estés.

"Interaction" es, en definitiva, un comienzo de año perfecto. Un EP que equilibra con maestría la introspección y la fuerza, lo personal y lo colectivo, la calma y el movimiento. Skahr y sus acompañantes no sólo han abierto el calendario; han puesto el listón muy alto.


"MNZK" no se escucha, se soporta y Mononoizick lleva el beat destructivo al límite de lo soportable

  Hay música que se escucha. Otra que se siente en el pecho. La de Mononoizick se sufre con el cuerpo entero, como una descarga eléctrica ma...