Louisville no descansa. FOTOCRIME, liderados por Ryan Patterson, entregan Security, su quinto álbum, y la sorpresa no es que suene bien, sino que suena con una furia que muchas bandas jóvenes ya no pueden alcanzar. Diez canciones en poco más de treinta minutos, un vendaval de post punk con tintes industriales que sacude sin complejos.
La banda había mostrado un costado más sintético en trabajos anteriores. Aquí las guitarras toman el control. Patterson, un veterano que ha pasado por COLISEUM, BLACK CROSS y otros proyectos, vuelve a sus raíces más ruidosas sin disimulo. Las grabaciones en vivo predominan, con bajo, guitarra y caja de ritmos como columna vertebral. Los sintetizadores soviéticos siguen presentes pero no dominan el paisaje. La agresividad es el norte.
Las colaboraciones añaden peso a un disco que ya de por sí se sostiene solo. Jay Weinberg (SLIPKNOT) aporta su furia en la batería. Barney Greenway (NAPALM DEATH) presta su voz legendaria. Aaron Turner (SUMAC, ISIS), Brian Cook (RUSSIAN CIRCLES, BOTCH) y J. Robbins (JAWBOX) también participan, con Robbins además co produciendo y co mezclando el álbum en el estudio de Patterson, la House of Foto.
Las letras hablan de inestabilidad mental en tiempos de crisis, de vivir honestamente en un mundo corrupto, de paranoia y catástrofe inminente. Patterson canaliza influencias que van desde KILLING JOKE hasta BIG BLACK y HOT SNAKES, una celebración de héroes recientemente fallecidos como Geordie Walker, Steve Albini y Rick Froberg. El resultado es un disco que suena a homenaje pero también a declaración de principios. FOTOCRIME no especula sobre civilizaciones alienígenas. Observa el presente y le responde con guitarras al límite de la saturación.




