Hay aniversarios que se celebran con una cena tranquila. Stuka 696 ha decidido celebrar sus veinte años con un golpe en la mesa. Electroschock llega el 10 de octubre, el mismo día de su show de aniversario, y no es una coincidencia. Es una declaración de intenciones. El disco regresa a los orígenes, a lo que definió a la banda desde el principio: bajos atronadores, secuencias distorsionadas, estructuras technoides y un minimalismo frío que no pide permiso para incomodar.
El álbum funciona como homenaje a su debut Echtendzeit y como continuación sin concesiones de ese sonido primigenio. Pero hay una diferencia. Esta vez el foco está en la colección de sintetizadores analógicos del proyecto, lo que hace que el sonido sea aún más sucio e impredecible. Cruje, retumba y chirría de principio a fin. La promesa de que se excavará en el canal auditivo no es una exageración. Es un aviso.



