Melbourne arde bajo el sol de enero mientras Alien Skin graba el EP más invernal de su carrera. Kiss Me Into Ruin no es un disco para playas ni terrazas. Es, en sus propias palabras, el resultado de una cabeza que no puede torcerse hacia la ligereza cuando el mundo se siente como una fractura abierta.
Cuatro canciones. Cuarenta y dos minutos si se dejan respirar. La apertura con "She's Like a Diamond" establece el territorio: guitarras que no consuelan, una voz que recita más que canta, esa sensación de que el aire se ha espesado. El tema titular condensa la paradoja que da nombre al EP (el deseo como autodestrucción consentida) mientras "Black Messy Mascara" cierra con el testimonio más explícito de una pérdida que, según confiesa el proyecto, nunca deja de rondar.
Hay ecos de Lebanon Hanover en la economía de medios, de She Past Away en la densidad atmosférica, pero también una voz que prefiere el murmullo al gesto. Kiss Me Into Ruin suena como esas cartas que se escriben sabiendo que nunca van a leerse. Un ejercicio de exorcismo donde el verano queda afuera, condenado a ser testigo.




