Daniele Raguso ha pasado más de una década encerrado en un sótano imaginario, arrastrando electroclash, EBM, synth pop y post punk hasta que todas esas criaturas comenzaron a verse igual bajo la misma luz estroboscópica. The Line, su nuevo álbum por Async Delay Records, es el resultado de esa convivencia forzada. Diez piezas donde la tensión y la mala decisión artística se convierten en virtud.
El disco cuenta con una legión de colaboradores que funcionan como un aquelarre vocal. Fivequestionmarks, Lady Maru, Elisa of Dear Company, Simona Pietrucci, Giovanni Santolla, Milena Medu, Happy Skeleton, Kitty Willenbruch y Caramel Chameleon aportan sus voces y sus obsesiones. El resultado es una mesa de espiritismo donde cada médium habla desde un rincón distinto del desastre emocional.
"The Line" abre como una advertencia rayada en cemento. Raguso construye el tema alrededor de la repetición, el contenido, esa frontera que uno dibuja alrededor de sí mismo cuando la libertad empieza a parecerse demasiado a la desaparición. "Faded" toma el cartel motivacional de la pared, lo parte al medio y deja que el pegamento se adhiera a los dedos. Simona Pietrucci canta entre el aguante y el colapso. "Sirens" se moja, se vuelve febril y peligrosa. Elisa of Dear Company despliega un deseo que parece una piscina de marea llena de vidrios rotos.
"2020 XXX" convierte la lujuria del confinamiento en una alucinación de sauna. Fivequestionmarks aporta una energía caliente y semicrazada entre Peaches y Gossip. "Dark Planet" es una transmisión cromada desde un club enterrado bajo un bloque de oficinas, con un deambular spoken word que recuerda a Grace Jones y Die Krupps. "Heat" es el recuento de cadáveres del álbum, una mandíbula apretada que se suelta en la pista de baile. "Seance" reduce el drama a un ritmo minimalista, con Milena Medu flotando entre las ruinas.
"NCUPK" se siente mareada, deforme y extrañamente conectada. Hay ecos de Malaria! y Hard Corps, esa misma vibra de música de club convertida en una mueca traviesa y salvaje. "Don't Break Away" es electrónica ansiosa con un moretón debajo del delineador. "The Last Warning" es repetición a martillo y lógica de fin de la cuerda. "Sleeper" cierra arrastrándose hacia el olvido, con Giovanni Santolla convirtiendo el sueño en piedad y la memoria en un acreedor golpeando la puerta.
Un álbum sobre el deseo con ojeras, sobre escapes que llevan más adentro, sobre el calor, el hambre, los fantasmas y el descanso como lujo prohibido.




