2026-05-16

A Copy For Collapse: El sótano donde los géneros se besan

 


Daniele Raguso ha pasado más de una década encerrado en un sótano imaginario, arrastrando electroclash, EBM, synth pop y post punk hasta que todas esas criaturas comenzaron a verse igual bajo la misma luz estroboscópica. The Line, su nuevo álbum por Async Delay Records, es el resultado de esa convivencia forzada. Diez piezas donde la tensión y la mala decisión artística se convierten en virtud.

El disco cuenta con una legión de colaboradores que funcionan como un aquelarre vocal. Fivequestionmarks, Lady Maru, Elisa of Dear Company, Simona Pietrucci, Giovanni Santolla, Milena Medu, Happy Skeleton, Kitty Willenbruch y Caramel Chameleon aportan sus voces y sus obsesiones. El resultado es una mesa de espiritismo donde cada médium habla desde un rincón distinto del desastre emocional.

"The Line" abre como una advertencia rayada en cemento. Raguso construye el tema alrededor de la repetición, el contenido, esa frontera que uno dibuja alrededor de sí mismo cuando la libertad empieza a parecerse demasiado a la desaparición. "Faded" toma el cartel motivacional de la pared, lo parte al medio y deja que el pegamento se adhiera a los dedos. Simona Pietrucci canta entre el aguante y el colapso. "Sirens" se moja, se vuelve febril y peligrosa. Elisa of Dear Company despliega un deseo que parece una piscina de marea llena de vidrios rotos.

"2020 XXX" convierte la lujuria del confinamiento en una alucinación de sauna. Fivequestionmarks aporta una energía caliente y semicrazada entre Peaches y Gossip. "Dark Planet" es una transmisión cromada desde un club enterrado bajo un bloque de oficinas, con un deambular spoken word que recuerda a Grace Jones y Die Krupps. "Heat" es el recuento de cadáveres del álbum, una mandíbula apretada que se suelta en la pista de baile. "Seance" reduce el drama a un ritmo minimalista, con Milena Medu flotando entre las ruinas.

"NCUPK" se siente mareada, deforme y extrañamente conectada. Hay ecos de Malaria! y Hard Corps, esa misma vibra de música de club convertida en una mueca traviesa y salvaje. "Don't Break Away" es electrónica ansiosa con un moretón debajo del delineador. "The Last Warning" es repetición a martillo y lógica de fin de la cuerda. "Sleeper" cierra arrastrándose hacia el olvido, con Giovanni Santolla convirtiendo el sueño en piedad y la memoria en un acreedor golpeando la puerta.

Un álbum sobre el deseo con ojeras, sobre escapes que llevan más adentro, sobre el calor, el hambre, los fantasmas y el descanso como lujo prohibido.

2026-05-15

Demos inéditas de 2001 se incluyen en este documento secreto que mira al pasado y al presente


Más de dos décadas después de que comenzara la documentación, Xotox abre sus archivos clasificados. Die Geheimen Dokumente no es un álbum cualquiera en la extensa discografía del proyecto industrial alemán. Funciona como un preludio, una advertencia de que vendrán más revelaciones.

El formato elegido mezcla lo viejo con lo nuevo de una manera que pocos artistas se atreven. Dos originales de Xotox pasaron por las manos de Blac Kolor y Cervello Elettronico, que les imprimieron su sello personal. "Was hörst Du?" recibió una capa industrial más oscura pero sorprendentemente melódica y bailable. "The price we pay for happiness" se transformó en un asesino de pistas contundente y ruidoso, situado en ese territorio incómodo entre el techno y el noise.

La sorpresa más grata llega con "Ich funktioniere", presentada en una versión de electropop brillante que demuestra la versatilidad del material original. Los dos cortes finales son demos inéditas de 2001, una cápsula del tiempo que permite asomarse a cómo sonaba Xotox hace un cuarto de siglo. El contraste entre aquellas grabaciones crudas y las nuevas versiones refleja la evolución de un proyecto que nunca se quedó quieto.

Die Geheimen Dokumente sabe a revelación parcial, a anticipo de algo más grande. La promesa de más documentos próximamente convierte este lanzamiento en un objeto de culto instantáneo para los seguidores de la escena industrial alemana.

2026-05-14

Ryan Patterson reúne a Jay Weinberg, Barney Greenway, Aaron Turner y J. Robbins para su nuevo disco de post punk industrial


 Louisville no descansa. FOTOCRIME, liderados por Ryan Patterson, entregan Security, su quinto álbum, y la sorpresa no es que suene bien, sino que suena con una furia que muchas bandas jóvenes ya no pueden alcanzar. Diez canciones en poco más de treinta minutos, un vendaval de post punk con tintes industriales que sacude sin complejos.

La banda había mostrado un costado más sintético en trabajos anteriores. Aquí las guitarras toman el control. Patterson, un veterano que ha pasado por COLISEUM, BLACK CROSS y otros proyectos, vuelve a sus raíces más ruidosas sin disimulo. Las grabaciones en vivo predominan, con bajo, guitarra y caja de ritmos como columna vertebral. Los sintetizadores soviéticos siguen presentes pero no dominan el paisaje. La agresividad es el norte.

Las colaboraciones añaden peso a un disco que ya de por sí se sostiene solo. Jay Weinberg (SLIPKNOT) aporta su furia en la batería. Barney Greenway (NAPALM DEATH) presta su voz legendaria. Aaron Turner (SUMAC, ISIS), Brian Cook (RUSSIAN CIRCLES, BOTCH) y J. Robbins (JAWBOX) también participan, con Robbins además co produciendo y co mezclando el álbum en el estudio de Patterson, la House of Foto.

Las letras hablan de inestabilidad mental en tiempos de crisis, de vivir honestamente en un mundo corrupto, de paranoia y catástrofe inminente. Patterson canaliza influencias que van desde KILLING JOKE hasta BIG BLACK y HOT SNAKES, una celebración de héroes recientemente fallecidos como Geordie Walker, Steve Albini y Rick Froberg. El resultado es un disco que suena a homenaje pero también a declaración de principios. FOTOCRIME no especula sobre civilizaciones alienígenas. Observa el presente y le responde con guitarras al límite de la saturación.


2026-05-13

Italia aporta una nueva joya al post punk contemporáneo con Adrift, un álbum que equilibra introspección y movimiento

 


La Italia post punk tiene en Leva una de sus voces más personales. Leonardo Cannatella, el músico boloñés detrás del proyecto, construye su tercer álbum Adrift desde una encrucijada fascinante. Por un lado, las raíces en la neo psicodelia aportan una cualidad onírica que atraviesa cada canción como un sueño del que no se quiere despertar. Por el otro, la energía dinámica del post punk mantiene los pies en tierra firme, con ritmos que empujan hacia adelante sin conceder tregua.

La voz melódica de Cannatella actúa como un puente entre ambos mundos. No es la voz cavernosa del gótico clásico ni el susurro íntimo del indie. Es una presencia clara que se eleva sobre las instrumentaciones sin dominarlas, que canta melodías reconocibles sin caer en la fórmula predecible. Las canciones de Adrift respiran con una fluidez que sugiere improvisación controlada, como si cada tema hubiera nacido de una sesión donde la magia ocurrió por accidente pero fue capturada con precisión quirúrgica.

El álbum navega entre la introspección más densa y los momentos donde la pista de baile parece el destino natural. Cannatella demuestra que su paso por bandas como BeStrass y The Black Veils no fue un entrenamiento menor. Adrift suena a la madurez de alguien que ha aprendido a dosificar la energía, a saber cuándo atacar y cuándo retirarse, a construir canciones que se quedan en la memoria sin necesidad de estribillos gritados.

Icy Cold Records añade un nuevo peso a su catálogo con este lanzamiento. Leva confirma que el post punk italiano tiene mucho que decir, y que la combinación de psicodelia y oscuridad puede dar frutos tan bellos como inquietantes.


2026-05-12

Mesh publica The Truth Doesn't Matter, un álbum sobre la era de la posverdad envuelto en hits electrónicos

 


Vivimos en la era de la posverdad. Mesh lo sabe y por eso titula su nuevo álbum The Truth Doesn't Matter, una declaración que podría sonar cínica si no fuera porque la música que contiene es todo lo contrario a la desesperanza. El dúo británico lleva más de tres décadas perfeccionando un arte que parece sencillo pero que muy pocos dominan: escribir hits electrónicos elegantes y cautivadores sin repetirse.

El disco estalla como un fuego artificial que ilumina tres décadas de música electrónica. Hay destellos de Giorgio Moroder en las líneas de bajo, ecos de Yazoo y Depeche Mode en las estructuras vocales, sombras de Garbage y Massive Attack en las texturas. Pero Mesh nunca suena a collage. Su identidad, forjada desde los años noventa, se mantiene intacta: esos sonidos característicos, esa producción que reconoce un fan a los primeros compases, esa capacidad para que cada canción se instale en el cerebro como un inquilino permanente.

La advertencia es seria. The Truth Doesn't Matter es altamente contagioso. Lleva al silbido espontáneo de melodías, al canturreo público de estribillos pegadizos. Mesh sube otro peldaño en su escalera particular hacia el cielo de la música electrónica, y nos invita a subir con ellos. La verdad quizás ya no importe. Pero la felicidad que produce este disco es innegable.


A Copy For Collapse: El sótano donde los géneros se besan

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