2026-02-01

Bailar sin escapar: la propuesta atmosférica de Goth Housing

 


Desde Viena, pero lejos de cualquier postal imperial, Sundl plantea en Goth Housing un territorio híbrido que no busca escandalizar con la etiqueta, sino hacerla funcionar. Su quinto álbum se mueve en una intersección poco transitada: la estructura repetitiva y corporal de la música de club con una sensibilidad emocional heredera del imaginario gótico. No es un choque de estilos, es una calibración fina entre pulso físico y densidad afectiva.

Aquí el ritmo importa, y mucho. Las bases son insistentes, diseñadas para sostener el movimiento continuo, con patrones que beben de la house más minimal y de la electrónica nocturna de pista larga. Pero sobre ese andamiaje rítmico, Sundl evita los picos eufóricos previsibles: en lugar de explosiones, hay capas. Sintetizadores que no brillan, sino que empañan; melodías que se deslizan como pensamientos recurrentes; texturas que dan la sensación de espacio cerrado, de reverberaciones que no buscan amplitud sino cercanía casi incómoda.

La gran virtud de Goth Housing es su control del clima. No trabaja la oscuridad como dramatismo exagerado, sino como temperatura constante. Todo el álbum parece situado en una franja horaria muy concreta: ese tramo de la noche en el que ya se ha bailado suficiente como para que el cuerpo funcione solo y la mente empiece a abrir otras puertas. La música sostiene ese estado liminal donde el club deja de ser sólo social y se vuelve introspectivo.

Sundl demuestra además una comprensión muy clara del espacio sonoro. La producción es contenida, precisa, con pocos elementos pero bien colocados. Los graves empujan sin saturar, las percusiones mantienen tensión sin volverse agresivas, y las líneas melódicas aparecen y se retiran como presencias más que como protagonistas. Esta economía refuerza la identidad del disco: no necesita exceso para generar inmersión.

Goth Housing construye un entorno. Es un álbum que funciona mejor completo que por fragmentos, porque su fuerza está en la continuidad emocional. Sundl no convierte la pista en un lugar de escape, sino en un espacio donde convivir con cierta melancolía sin dejar de moverse. Esa coexistencia (bailar mientras algo pesa por dentro) es el núcleo de su propuesta.

Con este trabajo, Sundl no redefine la electrónica de club, pero sí amplía su registro emocional. Goth Housing suena a arquitectura nocturna habitada, a música que no te empuja hacia afuera, sino que te acompaña hacia adentro, sin que dejes de seguir el pulso.


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