La versión internacional llega con mezcla y masterización de Daniel Hallhuber, el cerebro detrás del sello alemán. El arte corre por cuenta de Atsuo, miembro de Boris, con una dirección visual que promete estar a la altura del historial gráfico del músico japonés. El estilo se mueve entre el gothic rock y el post punk, territorios donde Sex Virgin Killer ya ha demostrado soltura en lanzamientos anteriores.
Las diferencias entre ambas ediciones no son menores: mezclas distintas, masterizaciones independientes, tracklists que varían y diseños que responden a lógicas estéticas separadas. No se trata de un disco con bonus track. Se trata de dos discos que comparten nombre y espíritu pero respiran de manera diferente.
Para coleccionistas y obsesivos, la decisión será complicada. Para los demás, cualquier de las dos versiones servirá como puerta de entrada a un proyecto que no teme a las provocaciones, empezando por su propio nombre.
