2026-02-14

Más que respuestas: el nuevo álbum de Sister May documenta lo que persiste cuando el significado colapsa

 


"VII", no es un disco sobre la superación del dolor, sino sobre su geografía íntima. Un álbum conceptual que aborda la fractura desde tres dimensiones —personal, social y sistémica— y lo hace sin ofrecer consuelo ni respuestas. Solo el eco de lo que se rompe, lo que persiste y lo que reverbera en el vacío.

Desde el primer corte, queda claro que Sister May no busca complacer, sino constatar. Enraizado en el industrial rock, la darkwave y texturas alternativas crudas, "VII" construye un paisaje sonoro donde cada elemento parece estar al borde del colapso. Pero es un colapso contenido, una explosión en cámara lenta. La banda domina el arte de la tensión dialéctica: la agresión nunca es gratuita, el ruido nunca es ruido por el ruido. Hay pausas, silencios deliberados, espacios que actúan como respiraderos en una mina a punto de derrumbarse. Es en esos silencios donde la angustia se vuelve más audible.

El título, "VII", no es casual. El número siete aparece en mitologías como símbolo de ciclos completados, de plenitud. Sister May lo subvierte: aquí, el siete es el número de la fractura consumada, el ciclo que no lleva a la renovación, sino a la dispersión. Cada track es un "estado de colapso" diferente, un capítulo en un manual de cómo las cosas —las relaciones, las instituciones, las certezas— dejan de sostenerse.

Musicalmente, el álbum es un ejercicio de equilibrio imposible. Los pasajes más agresivos, con guitarras distorsionadas y percusiones industriales que suenan a maquinaria oxidada, se alternan con atmósferas darkwave de una melancolía casi etérea. La voz navega entre el susurro y el rugido, a menudo enterrada en la mezcla como si fuera un instrumento más, una textura entre las texturas. No hay protagonismo gratuito; todo está al servicio de la atmósfera de disolución.

Lo más valioso de "VII" es su honestidad estructural. No finge que hay una lección que aprender, un crecimiento que obtener de la destrucción. Simplemente documenta lo que queda cuando el significado se erosiona. Y lo que queda, nos dice Sister May, no es necesariamente esperanza. Es presencia. Es el hecho de seguir ahí, entre los escombros, escuchando el eco.


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