Vivimos en la era de la posverdad. Mesh lo sabe y por eso titula su nuevo álbum The Truth Doesn't Matter, una declaración que podría sonar cínica si no fuera porque la música que contiene es todo lo contrario a la desesperanza. El dúo británico lleva más de tres décadas perfeccionando un arte que parece sencillo pero que muy pocos dominan: escribir hits electrónicos elegantes y cautivadores sin repetirse.
El disco estalla como un fuego artificial que ilumina tres décadas de música electrónica. Hay destellos de Giorgio Moroder en las líneas de bajo, ecos de Yazoo y Depeche Mode en las estructuras vocales, sombras de Garbage y Massive Attack en las texturas. Pero Mesh nunca suena a collage. Su identidad, forjada desde los años noventa, se mantiene intacta: esos sonidos característicos, esa producción que reconoce un fan a los primeros compases, esa capacidad para que cada canción se instale en el cerebro como un inquilino permanente.
La advertencia es seria. The Truth Doesn't Matter es altamente contagioso. Lleva al silbido espontáneo de melodías, al canturreo público de estribillos pegadizos. Mesh sube otro peldaño en su escalera particular hacia el cielo de la música electrónica, y nos invita a subir con ellos. La verdad quizás ya no importe. Pero la felicidad que produce este disco es innegable.
