Este material se publicó porque la vida misma los exige. La artista detrás de My Head Is Empty ha pasado el último año lidiando con la esclerosis múltiple y una sentencia médica que le auguraba silla de ruedas o ceguera total si no accedía a un tratamiento de ochenta mil dólares anuales. Rechazó ese destino. Se enfocó en su salud, su dieta, su descanso y su estrés. Y por primera vez en casi dos años, está recuperando la vista sin tratamiento alguno.
La música siguió presente durante todo ese proceso. Canciones acumuladas, proyectos sin terminar, la serie nothing is real como un estándar autoimpuesto que no permite concesiones. Nothing is real, part XXIV llega después de ese paréntesis forzado, con la promesa de que vendrán más. La obra de My Head Is Empty ya ha sonado en Viceland, en la película eHero con Sean Astin, en un documental de Adidas y en el videojuego Monsters - Trouble In Paradise. Pero este lanzamiento no se mide por esos logros. Se mide por la capacidad de un artista de convertir una sentencia médica en un acto creativo. Y lo ha hecho.
