2020-02-22

Edgar Torres

La montaña rusa y yo no congeniamos.

Mi atención se enrosca en cada una de sus tuercas y me responde con estruendos de metales acariciándose
Con vicios intercambiando debilidades y abandonos
Con charlas rasgadas por gritos en descenso
Con pendientes en paulatino agobio ante la conminación de miradas presagiando un descarrilamiento a la primera curva.

Adrenalina no se inmuta, simplemente fuma un pitillo de soberbia mientras presiona su tacón en turnos sobre mis sienes.

No cerrar los ojos si tres carros han quedado atrás en algún punto de sus defectos.
Solo queda dejarse llevar y sentir la velocidad aumentando a niveles pesimistas
....y de sus risas.


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