La voz, carismática y tratada con el respeto que merece un instrumento principal, no es un adorno, sino un guía a través de este paisaje de sombras. No se esconde en la mezcla ni se impone de forma agresiva; más bien, flota sobre las texturas, añadiendo una dimensión humana a la precisión algorítmica del conjunto. Es el hilo de Ariadna en el laberinto de sintetizadores y cajas de ritmos.
Lo que hace especial a "Hide in the Light" es su capacidad para ser accesible y complejo al mismo tiempo. Los ganchos melódicos están ahí, diseñados para enganchar al oyente en las primeras escuchas. Pero las capas inferiores —los "rincones modernos envueltos en atmósferas", los detalles de producción que revelan una mente inquieta— recompensan la atención repetida. Es un disco que funciona tanto de fondo como de primer plano, dependiendo de lo que el oyente busque en cada momento.
La narrativa implícita del álbum es la de un viaje sin retorno claro. La luz se esconde, desaparece más allá del horizonte, y lo que queda es una oscuridad que no es necesariamente amenazante, sino expansiva, contemplativa, casi acogedora. Fractal no ofrece consuelos fáciles, sino la aceptación de que, a veces, la única manera de seguir adelante es adentrarse en la noche con los ojos abiertos.
Tomasz Lukowicz ha construido con "Hide in the Light" una obra coherente y ambiciosa que reafirma su lugar como uno de los nombres más interesantes de la electrónica oscura contemporánea. Un disco para perderse y, quizás, encontrarse en la negrura cósmica.
