El álbum suena pesado, ruidoso, rápido y sucio. Pero también suena sentimental en los pliegues que nadie espera. La producción de Ross Cullen junto a Chris W Ryan captura la inmediatez de una banda que sabe lo que quiere y lo ejecuta sin concesiones. Las guitarras de Goddard arañan la mezcla mientras las voces se mantienen en una tensión constante entre la agresión y la melancolía.
Diez canciones que funcionan como una declaración generacional. Hay momentos donde el synth industrial domina el paisaje, otros donde la batería (acústica o programada) empuja como un ariete. Las colaboraciones añaden texturas sin desvirtuar el núcleo del dúo. Los mezcladores de lujo, desde Scotty Desmarais hasta Andrew Dawson y el propio Ryan, aseguran que cada canción encuentre su espacio sin aplastar a las vecinas.
Chalk no es una banda que descubrir por compromiso. Es una banda que se impone al oyente con la urgencia de quien no tiene tiempo que perder. Crystalpunk es el tipo de debut que hace que uno quiera agradecer por la alteración química del cerebro.
