Mariela Hernández Avelino
Sus dedos de amaranto
se desmoronaron,
dejé de escuchar su aliento.
Con un pincelazo de muerte
sobre mis ojos
reventó la razón.
Hoy,
el silencio
me sabe
a dulce de feria.
Perder a alguien no termina cuando el funeral se acaba. Sigue en los días grises, en las conversaciones que ya no se pueden tener, en los ...