Las sesiones que dieron vida a Time ocurrieron durante los momentos más oscuros de una depresión. Tkuz no las grabó pensando en un álbum. Las hizo como un reto personal, como una forma de mantener los dedos en movimiento mientras la cabeza se hundía. No fue hasta que Pvlomo.music escuchó esas grabaciones en el estudio que alguien sugirió que merecían ser algo más que archivos olvidados.
Mexxita se sumó al proyecto y entre los tres decidieron que aquellos tracks, crudos y sin filtros, debían ver la luz. El álbum que resultó de esa decisión no suena a producción pulida ni a cálculo de mercado. Suena a lo que es: fragmentos de un momento difícil transformados en música, con la honestidad que ningún sintetizador puede programar.
Tkuz está feliz con el resultado. Y con cada sonido que pudo grabar en él. El tiempo, al final, se encargó de convertir el dolor en algo que vale la pena compartir.
