2026-07-04

Un disco de baladas synthpop para corazones curiosos, que aborda la salud mental y la percepción de las mujeres en el arte

 


Madeline Goldstein construye su nuevo trabajo sobre la ansiedad y el trastorno de pánico que la acompañaron durante el proceso de creación, y esa lucha se filtra en cada capa de sintetizadores analógicos, en cada voz lejana que emerge como un eco ahogado. Las baterías de hardware suenan duras, industriales en los momentos justos, y los samples de vallas metálicas grabadas fuera del estudio añaden una textura de confinamiento que no necesita explicación.

Las letras funcionan como preguntas constantes. Una parte de la mente le pregunta a la otra si esto es todo lo que esperaba. La relación entre el cuerpo y el espacio que ocupa, entre las expectativas que se imponen y lo que realmente sucede, entre lo que se promete y lo que se cumple. Goldstein habla de salud mental, de cómo los medios perciben a las mujeres en el arte, de la impotencia en un mundo que parece no tener salida. Pero no hay derrotismo. Hay una vulnerabilidad que se sostiene, una pregunta que sigue abierta.

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