Montreal nunca había sonado tan peligrosa. Douce Angoisse entrega Xanax and Coffee como una propuesta de alto riesgo: darkwave y coldwave que se mueven entre tres idiomas sin perder un ápice de tensión. El EP es un traje a medida para esas horas donde el deseo, el asco y la indiferencia comienzan a usar la misma cara.
La introducción instrumental "Xanax and Coffee" prepara el terreno con una hostilidad contenida. Suena a luz fluorescente sobre azulejos sucios, una advertencia antes del desastre. "Can't Get Away" confirma el diagnóstico: la mente como celda de aislamiento, uno mismo como único carcelero que nunca toma vacaciones. El ritmo avanza con determinación sombría mientras la atmósfera se cierra como un puño.
"Egoista" añade una capa de glamour envenenado. Hay algo de vanidad en esta canción, una sonrisa cruel que convierte la autofijación en performance y la performance en un asalto emocional. "Dance to Death" empuja el EP hacia una seducción contaminada, un beso que se sabe traición pero se entrega igual. Y "Little Fucker" cierra con la lengua más afilada: confrontativa, amarga, divertida en el sentido más malsano del término.
Las influencias asoman sin dominar. Hay algo de Front Line Assembly en la maquinaria, de Clock DVA en el humor, de Boy Harsher en la decadencia erótica. Pero Douce Angoisse construye un territorio propio, hecho de repetición hipnótica y abrasión psíquica. Xanax and Coffee es para quienes saben que la fiesta y el derrumbe a veces ocurren en la misma habitación, bajo la misma luz roja, con el mismo cuerpo marcando el ritmo para ambos.
