Las influencias se declaran sin disimulo. Hay ecos de X Marks The Pedwalk en la estructura de los temas, esa capacidad para construir tensión sin recurrir a artificios. También aparece la sombra alargada de Skinny Puppy, sobre todo en los momentos donde los samplers se vuelven caóticos y la voz se fragmenta hasta volverse otro instrumento de percusión. Pero Outpost 11 no se limita a citar. Hay una densidad propia en la producción, una capa de suciedad sonora que impide que el disco suene a ejercicio de estilo.
El tempo se mantiene en rangos medios, lo que permite que la agresividad no canse. Los sintetizadores graves empujan desde abajo mientras las cajas de ritmos golpean con una precisión casi militar. Las letras, cuando se distinguen entre tanta textura, hablan de fractura, de identidades que se desmoronan, de reflejos que ya no coinciden con lo que deberían mostrar.
Broken Mirror no es un disco para acercarse a la electro industrial por primera vez. Es para quienes ya han recorrido el camino y necesitan recordar por qué se perdieron en él.