El debut de este cuarteto estadounidense es un disco donde el deathrock y el post punk se dan la mano sin pedirse permiso, con guitarras que cortan y un bajo que empuja como una corriente subterránea. La voz suena cansada, pero no de sueño. Esa fatiga que aparece cuando la decepción se ha instalado en los huesos y ya no queda energía para fingir entusiasmo. Temas como "Susanne", "Violent (and just a little bit numb)" y "Don't Look Now" condensan una gran propuesta: estribillos que se pegan a pesar de la tristeza, melodías afiladas que evitan el adorno innecesario.
La producción mantiene un equilibrio difícil. Hay suficiente reverberación para crear atmósfera, pero nunca tanta como para ocultar las aristas. Las líneas de guitarra suenan serradas, como si hubieran sido limadas a propósito para que duelan al contacto. Y la sección rítmica no se conforma con sostener; impulsa, empuja, obliga a seguir adelante incluso cuando la letra invita a quedarse en el suelo.
Dentro de la escena de Washington DC, Cryptid Summer ya ha encontrado su lugar. Fuera de los circuitos góticos, el disco puede resultar menos accesible, pero eso no es un defecto, tampoco fue hecho para gustar a todo el mundo. Fue hecho para quien entiende que la cotidianidad también muerde.
