2019-05-29

Mitla

Claudia Marroquín

Malva llevaba azúcar en un bulto improvisado con una servilleta de tela, dos cigarros sin filtro robados a su abuelo que dormitaba en la hamaca. Un pan dulce y dos galletas. Tenía un panal en su estómago pero ella no lo sabía, creía que las abejas eran mariposas y ya había escuchado hablar del viento del amor que mueve las alas de los insectos y causa cosquillas en todo el cuerpo. Ella amaba al hombre que olía a tabaco y hacia barcos con el humo de cigarro, barcos que siempre naufragaban en los vasos con ron. El hombre que en su juventud había sido un gran artista, había prometido a Malva, no hacer naufragar más barcos de humo si ella decidía quedarse con él a vivir. La niña sabía que no podía hacer eso porque a su abuela le quebraría el corazón así que decidió visitarlo todas las tardes después del catecismo, con sus tesoros guardados en su morralito de manta, dos colibríes y un sol bordados, guardaban el secreto. En cada visita, la niña dejaba dos gotas de inocencia en una pipa de agua, a cambio, el hombre, dejaba navegar los barcos de humo en pequeños lagos dorados de cerveza. El amor duele de todas las formas posibles y sabe a granos de café, hierbas mágicas, libros antiguos.

Mica publica Leave My Body Somewhere Dark, su debut sobre el amor en el borde de la desaparición

  El debut de Mica no es un disco para corazones que buscan consuelo. Leave My Body Somewhere Dark habita en un mundo de desamor cadavérico,...