2026-01-28

Del archivo analógico a tus auriculares: Scratch Massive publica el epílogo esencial de "Nox Anima"

 


No todas las canciones encuentran su forma definitiva en el momento de su nacimiento. Algunas necesitan dormir en los archivos, madurar en la oscuridad y despertar años después con una nueva piel. Así llega "Nox Anima Deluxe Bonus Tracks", un lanzamiento especial del dúo francés Scratch Massive que actúa como la resonancia prolongada y el epílogo secreto de un ciclo.

Scratch Massive (la alquimia entre Sebastien Chenut y Maud Gefray) lleva tiempo definiendo un sonido que es difícil de encapsular pero fácil de sentir: ecléctico, sensual, atmosférico y profundamente cinematográfico. Las "pistas bonus" de este deluxe no son sobras, sino joyas pulidas que por razones de narrativa o fluidez no encontraron cabida en el álbum original, pero que poseen el mismo espíritu.

El título "Nox Anima" (Alma Nocturna) es clave. Scratch Massive siempre ha sido un proyecto de la noche, pero no de la noche festiva y efímera, sino de la noche íntima, contemplativa y cargada de emoción. Estas pistas adicionales probablemente ahonden en ese estado de ánimo: ritmos que laten como un corazón en la penumbra, bajos profundos que se arrastran por el suelo, melodías de sintetizador que brillan como faroles en la niebla y ese toque vocal etéreo (propio o en colaboración) que ha caracterizado trabajos con Jimmy Somerville o Chloe. Es música para conducir por una ciudad vacía, para el después de la fiesta o para el momento previo al amanecer, donde los pensamientos son más claros y los sentidos, más agudos.

Estos bonus tracks bien podrían ser el espacio donde esa diversión creativa fluyó sin las restricciones del formato álbum, dando lugar a jams, sketches atmosféricos o versiones alternativas que merecen ser escuchadas.

"Nox Anima Deluxe Bonus Tracks" es, por tanto, un regalo para los fieles y una puerta de entrada para los nuevos. No es un nuevo capítulo, sino la profundización de uno anterior, la oportunidad de pasar más tiempo en el universo particular que Scratch Massive ha construido a lo largo de veinte años. Un recordatorio de que, a veces, las gemas más valiosas no están en el centro del disco, sino esperando en los márgenes de la noche, listas para ser descubiertas.


2026-01-27

"Winter Solstice" es un solsticio sonoro, donde la desolación se transforma en belleza hipnótica.


 

En la noche más larga del año, cuando la luz parece una promesa lejana, es donde mejor se aprecia el brillo de una estrella fría. "Winter Solstice", la nueva colaboración entre el noruego Antipole (Karl Morten Dahl) y el productor Paris Alexander, no es simplemente un álbum; es un evento astronómico sonoro. Un punto de inflexión en la órbita creativa de dos artistas cuya química ya era legendaria, y que ahora cristaliza en una obra total donde la oscuridad no es un fin, sino un estado de contemplación profunda y belleza gélida.


La alquimia es perfecta y predecible solo para quienes conocen su trabajo previo. Dahl aporta su sonido guitarresco, hipnótico y melancólico, ese sello inconfundible de Antipole que bebe del post-punk y el darkwave, creando paisajes sonoros que son a la vez vastos e íntimos. Paris Alexander, por su parte, ejerce de arquitecto de atmósferas y letrista, tejiendo con palabras minimalistas y repetitivas una red de emociones crudas —la desolación, la urgencia del tiempo, la soledad— que se entrelazan con las líneas de guitarra como niebla con ramas desnudas. La fusión no es una suma, sino una simbiosis donde es imposible discernir dónde termina uno y comienza el otro.


Las letras, escritas por Alexander, son poemas concisos y circulares que funcionan como mantras de la desolación moderna. En "Sad Lover (Desolated)", la repetición obsesiva de "desolate" se convierte en un latido, en un estado del ser. En "Late September", la imaginería apocalíptica ("As the Earth crumbles... burns... scatters") se contrasta con la simple búsqueda humana de un camino compartido, creando una tensión épica y personal a la vez. "Alone Again" encapsula la tormenta mental de la soledad con una sinceridad desgarradora. Alexander no narra; evoca estados, y Dahl los traduce a frecuencia y reverberación.


Musicalmente, el álbum es un ejercicio de elegancia sombría y producción impecable. Las guitarras, limpias y cortantes, dibujan melodías que se quedan grabadas en la memoria, mientras los bajos profundos y las programaciones sutiles —un territorio donde Alexander es maestro— construyen el suelo sobre el que camina esta melancolía. Hay ecos de sus remixes para Clan of Xymox o She Past Away en el dominio del groove oscuro, pero elevado aquí a una dimensión más íntima y autoral. Es darkwave para pensar, post-punk para sentir.


"Winter Solstice" es, en definitiva, la culminación natural de una de las colaboraciones más fructíferas de la escena oscura contemporánea. No busca reinventar el género, sino profundizar en su esencia con una claridad y una convicción conmovedoras. Es un álbum para escuchar cuando el mundo exterior se congela, porque en su interior arde, con una llama baja y constante, el fuego de una creación artística perfectamente sincronizada. El solsticio ha llegado, y con él, la promesa de que incluso en la noche más larga, la música puede ser nuestra brújula.


2026-01-26

"Silent Chaos" es la obra maestra del proyecto, donde la angustia se viste de melodías pegadizas y atmósferas densas.

 


Desde el corazón subterráneo de Los Ángeles, donde el neón de Sunset Boulevard se funde con las sombras de callejones olvidados, emerge un murmullo electrificado que se solidifica en forma de catarsis. Carved Souls, el proyecto oscuro que agrupa a talentos de Suede y Legion, rompe un largo silencio con su nuevo álbum, "Silent Chaos". El título, una aparente contradicción, resulta ser la fórmula perfecta para definir su esencia: una turbulencia interior meticulosamente orquestada, un huracán contenido dentro del frasco de un sintetizador. Este trabajo no solo confirma su estatus como referente del darkwave atmosférico angelino, sino que lo eleva a nuevas cotas de profundidad melódica y tensión emocional.

Carved Souls ha construido su reputación en una premisa poderosa: la fusión de lo sombrío y lo accesible. En "Silent Chaos", esta dualidad alcanza su expresión más madura y lúcida. Las bases sónicas son, efectivamente, oscuras y sintéticas: secuencias de bajo que palpitan como sistemas de alarma, pads que extienden mantos de niebla digital y percusiones programadas con la frialdad de un metrónomo en una sala vacía. Sin embargo, sobre este paisaje invernal crecen melodías de una belleza inesperada y pegadiza. Estas no son concesiones al pop, sino anzuelos emocionales que hacen que la inmersión en la oscuridad sea no sólo tolerable, sino deseable y profundamente conmovedora.

El primer adelanto, "Troubled Views", actúa como una carta de presentación perfecta. Captura la esencia del álbum: una voz que suena como un susurro desde el borde del abismo, cargada de una angustia lírica que es a la vez personal y universal, navegando sobre un mar de arpegios gélidos y un ritmo que invita más a una danza ritual que a una celebración. Es la banda sonora de una crisis existencial con groove, el tipo de canción que resuena en el club nocturno tanto como en la soledad del apartamento al amanecer.

La producción del álbum es impecable, un equilibrio estudiado entre lo orgánico y lo artificial. Se percibe el toque de músicos experimentados que conocen el valor del espacio y la textura. Cada sonido tiene su lugar, creando una atmósfera densa pero nunca abarrotada, permitiendo que la melodía y el estado de ánimo fluyan con una claridad desgarradora. Es la materialización sónica del "caos silencioso": una tormenta perfectamente contenida, donde cada relámpago de sintetizador y cada trueno de bajo cumple una función en la narrativa emocional.

"Silent Chaos" es, en definitiva, un triunfo del darkwave con alma. Carved Souls demuestra que la oscuridad no tiene por qué ser inaccesible, y que la melodía no necesita renunciar a su profundidad. Es un álbum para perderse y encontrarse, para bailar con los propios fantasmas y descubrir que, a veces, el orden más perfecto surge del corazón mismo del caos. Los Ángeles tiene un nuevo himno para sus noches inquietas, y su nombre es "Silent Chaos".


2026-01-24

Rotoskop regresa a sus raíces oscuras e inmersivas con un álbum conceptual


En un ecosistema musical saturado de voces y narrativas, el silencio es el bien más preciado y el más arriesgado. Rotoskop, el proyecto que nació de una técnica cinematográfica y aprendió a hablar a través de colaboraciones, emprende con "Silence = Gold" su travesía más radical y auténtica: un regreso al origen, pero desde la cumbre de la maestría. Este no es un álbum más en su discografía; es un manifiesto acústico, la reivindicación del vacío como materia prima y la consagración de la atmósfera como lenguaje total.

La historia de Rotoskop ha sido una búsqueda constante de la voz propia, más allá de la literalidad. Tras un debut que encontró su alma en vocalistas invitados y un segundo trabajo que fue un homenaje a camaradas de sello, el proyecto descubrió su propio canto en 2021. Sin embargo, la fascinación por lo oscuro, inmersivo y no verbal —esa esencia que "captura emociones sin necesidad de palabras"— nunca desapareció. Se refinó, se liberó en el EP instrumental Silent≠Silenced (2022) y ahora resurge, plena y conscientemente, como la piedra angular de un nuevo ciclo.

"Silence = Gold" es la culminación de esta filosofía. Tras una serie de álbumes de canciones finamente elaboradas, Rotoskop da un paso al costado de la convención para enfocarse en el estado de ánimo, la profundidad y el silencio como declaración. El título no es una metáfora pasiva; es una ecuación química. El silencio aquí no es ausencia, sino un elemento activo, un mineral bruto que el artista funde y alía con sonidos para crear una aleación de valor incalculable: atmósferas densas, paisajes emocionales y ecos que habitan la mente del oyente mucho después de que la música haya terminado.

Musicalmente, el álbum se mueve en un terreno liminal entre el dark ambient, la electrónica atmosférica y el post-industrial etéreo. No hay estrofas ni coros, sino movimientos, texturas y tensiones. El sonido es a la vez vasto e íntimo, como una catedral vacía iluminada por un solo haz de luz. Las melodías, cuando asoman, lo hacen como susurros o como recuerdos de melodías, integradas en un tejido sónico donde el ruido blanco, los bajos subacuáticos y las frecuencias subliminales son tan importantes como cualquier nota convencional.

Este trabajo confirma que Rotoskop es, ante todo, un arquitecto de espacios emocionales. "Silence = Gold" no se escucha; se habita. Es la banda sonora para la introspección, la contemplación nocturna o el viaje interior. Es la prueba de que, en manos de un alquimista sonoro, el vacío puede convertirse en el lienzo más expresivo y el silencio, en el oro más puro y resonante. 

"Angel Maschine": Alex Braun culmina su renacimiento con el álbum synth-pop más completo de su carrera.


El viaje ha sido largo y metódico. Tras tres adelantos que actuaron como cartas de navegación —"Zeitfresser", "The Journey" y "Wrong Direction"—, Alex Braun, la voz y mente tras el extinto proyecto !distain, está listo para aterrizar su visión más completa y ambiciosa. "Angel Maschine", su tercer álbum en solitario, no es solo una nueva colección de canciones; es la culminación de un renacimiento artístico, una obra que celebra y expande su dominio sobre el synth-pop alemán contemporáneo. Producido una vez más por Gerrit Thomas, este trabajo de doce pistas se erige como un clásico moderno, un álbum de "pantalla panorámica" que equilibra con maestría el impulso bailable, la melodía contagiosa y la profundidad emocional.

Si su predecesor podía sentirse más contenido, "Angel Maschine" despliega todas las armas del arsenal de Braun. Lo más significativo es el regreso triunfal de las baladas, una fuerza distintiva del carismático vocalista que había sido deliberadamente omitida. Este reencuentro con la introspección lírica permite que su voz, siempre poderosa y expresiva, explore nuevos matices de vulnerabilidad y grandeza, añadiendo una dimensión humana crucial al paisaje sintético. Es el contrapeso perfecto para los himnos de pista de baile que también pueblan el disco, creando una dinámica emocional rica y cinematográfica.

La diversidad es otro pilar del álbum. Braun navega con soltura entre el alemán y el inglés, y se atreve incluso con "Waltz of Life", un tema de baile inusual en los círculos de la escena que demuestra su voluntad de jugar con las formas establecidas. La colaboración con Patrick Knoch (Elektrostaub) en "The Journey" es otro punto culminante, una fusión de talentos que enriquece el tapiz sonoro. Cada canción es un mundo: algunas avanzan con el motor pulsante del future-pop, otras se elevan con arreglos atmosféricos y coros épicos, pero todas comparten un sonido inmensamente pulido, profundo y actual que honra las raíces clásicas del género sin sonar retro.

Este sentido de lo "cinematográfico" no es un adjetivo vacío. "Angel Maschine" suena a banda sonora de una película de ciencia ficción humanista, a viajes interestelares y reflexiones íntimas bajo lluvia artificial. La producción de Thomas es clave aquí, dotando a cada secuencia, cada bajo y cada percusión de una claridad y un peso que llenan cualquier espacio, físico o mental.

Con la gira programada para principios de 2026 junto a Alienare (con el apoyo de Jan Bertram), "Angel Maschine" demostrará su potencia en directo. Pero en su formato de estudio, el álbum ya se confirma como una obra redonda y esencial. Alex Braun no ha creado solo un disco de synth-pop; ha construido una máquina perfecta, un artefacto sonoro que produce, con igual eficacia, euforia dance, melancolía conmovedora y la inquebrantable sensación de estar ante un clásico desde su primer día.


2026-01-23

Scanner demuestra que el EBM sigue siendo un arma sólida

 


Der Meister, el nuevo álbum de Scanner, aparece como el resultado de años de tensión contenida que finalmente se libera en forma de EBM férreo, marcial y autoritario. No hay aquí intención de suavizar el golpe ni de dialogar con la nostalgia; lo que se impone es una reafirmación del poder del género cuando es ejecutado por manos expertas.

El título del álbum funciona como clave conceptual. Der Meister no alude sólo al dominio técnico, sino al rol del artesano que conoce el peso exacto del martillo y el momento preciso del impacto. Scanner se mueve con esa seguridad: ritmos rígidos, estructuras disciplinadas y una producción que privilegia la contundencia sobre el adorno. Cada secuencia rítmica avanza como maquinaria pesada, diseñada para imponer orden en la pista de baile.

Musicalmente, el álbum se inscribe en la tradición más ortodoxa del EBM europeo, pero sin sonar anclado en el pasado. Las programaciones son secas y precisas, los bajos ejercen una presión constante y los sintetizadores funcionan más como elementos de tensión que como vehículos melódicos convencionales. La voz —grave, dominante, casi ritual— actúa como eje de mando, alternando idiomas y registros con una autoridad que refuerza el carácter disciplinario del conjunto.

Lejos de apostar por la saturación, Der Meister encuentra su fuerza en la economía del gesto. Cada golpe parece medido, cada silencio tiene peso. Esa contención convierte al álbum en un arsenal de piezas diseñadas para el directo: canciones que no buscan seducir, sino someter al cuerpo a un pulso mecánico, repetitivo y casi hipnótico. Es música para el club oscuro, pero también para el espacio abierto del festival industrial, donde el ritmo se vuelve consigna colectiva.

En el fondo, Der Meister es una declaración de continuidad. Scanner demuestra que el EBM no necesita reinventarse para seguir siendo relevante; necesita convicción, rigor y una visión clara de su función: confrontar, ordenar el caos a golpes de ritmo y recordar que la electrónica también puede ser física, autoritaria y brutalmente honesta. El maestro no explica su método: lo ejecuta. Y el acero, una vez más, responde.


2026-01-22

Goth contemporáneo y electrónica oscura en 333at


 Desde Miami, una ciudad más asociada al exceso de luz que a la penumbra, Veinamous emerge como una anomalía fascinante. 333at no sólo confirma su identidad como artista versátil, sino que establece un territorio sonoro propio: un espacio donde la herencia gótica, la electrónica oscura y el pulso del underground alternativo temprano se funden en una atmósfera densa y obsesiva. Este álbum no busca agradar; busca envolver, seducir y arrastrar al oyente hacia un estado nocturno prolongado.

333at se despliega como un recorrido emocional por distintas fases del insomnio, el deseo y la autodestrucción. Desde el inicio con “Awake”, el disco plantea una paradoja fundamental: estar despierto no como claridad, sino como condena. Las texturas ambientales y los beats sombríos construyen un entorno donde la vigilia es inquietante y la calma siempre parece falsa. “Essence” profundiza esta sensación con capas etéreas y una pulsación lenta que refuerza la identidad introspectiva del proyecto.

Las colaboraciones amplían el espectro emocional sin romper la coherencia estética. “Sleepless Nights”, junto a CANTKILLROACH, traduce el agotamiento mental en un paisaje sonoro opresivo, mientras que “Blood Rain” con Hxvsfly introduce una agresividad contenida, como un estallido que nunca termina de liberarse. En ambos casos, Veinamous demuestra un control preciso del contraste entre violencia y atmósfera.

El núcleo del álbum se sostiene sobre conceptos recurrentes: posesión, obsesión y fatalidad. “Possession” y “Meet Your Demise” funcionan como ejes narrativos donde la influencia del goth clásico se filtra en melodías lúgubres y estructuras minimalistas. “Nocturne”, con la participación de Misa Blade, aporta una sensualidad espectral, casi ritual, que se prolonga hasta “Love Bind II”, una pieza que suena más a conjuro emocional que a canción tradicional.

Hacia el final, “The Lost & Hateful” junto a Oddly Shrugs intensifica el tono nihilista del álbum, cerrando el círculo de una obra que nunca busca redención, sino comprensión del abismo. 333at se percibe menos como una colección de canciones y más como un diario nocturno fragmentado, donde cada pista es una entrada escrita bajo luces bajas y pensamientos persistentes.

Con este álbum, Veinamous reafirma su lugar dentro de una nueva generación de artistas que reinterpretan el legado gótico desde la sensibilidad contemporánea. 333at es oscuro, atmosférico y deliberadamente incómodo: una invitación a perderse en la noche y aceptar que, a veces, la belleza más honesta habita en la sombra.


2026-01-21

Crítica: Protomensch fusiona trance, synth-pop e IDM en una reflexión sobre el ser humano digital

 


La gran industria musical a menudo celebra llegadas triunfales. El prestigioso sello Mute, sin embargo, acoge a Felsmann + Tiley con lo que parece una llegada desde el futuro, o quizás desde un pasado primigenio reimaginado. Protomensch, el nuevo álbum del misterioso dúo alemán, no es solo un disco; es un artefacto cultural total, un paquete estético y filosófico cuyo primer gesto es el silencio roto y cuya culminación es un espejo. Lanzado el 13 de febrero de 2026 en un vinilo negro de edición limitada con un gatefold que esconde un autorretrato de lámina espejo, este trabajo obliga al oyente a confrontarse a sí mismo en medio de un paisaje sonoro donde el synth-pop, el trance y la IDM chocan para cuestionar la propia esencia humana.

El concepto de "protomensch" (proto-humano) es el núcleo de todo. Felsmann + Tiley no exploran el transhumanismo glorioso, sino una figura trágica: un ser de alta inteligencia pero miopía irremediable. Esta dicotomía entre conciencia y limitación, entre ser sintiente y máquina, impregna cada nota. Musicalmente, este conflicto se traduce en una síntesis audaz y magníficamente ejecutada. Los colores brillantes del synthwave y las melodías pop (potenciadas por colaboraciones con voces como las de Pet Deaths, The Kite String Tangle, Woodes y Laius) chocan contra las pulsiones hipnóticas del trance y las estructuras fracturadas de la IDM. Es una música que a la vez invita al baile e interrumpe el éxtasis con pausas de introspección digital, creando una sensación de belleza inquietante y nostalgia por un futuro que nunca fue.

La narrativa del álbum está sostenida por una mitología visual tan poderosa como la sonora. El chimpancé con cuello de tortuga de la portada, los videos futuristas y la estética depurada de sus redes sociales no son mera mercadotecnia; son extensiones del relato. Incluso sus avanzados shows en vivo, creados con decenas de artistas visuales, buscan sentar al espectador frente al espectáculo de su propia evolución (o involución). Esta coherencia absoluta entre sonido, imagen y concepto es lo que convierte Protomensch en una "obra de arte total" para la era digital.

Es irónico que, a pesar de su omnipresencia en línea —impulsada por su reinterpretación viral de "Solitude" de M83 y sus sincronizaciones en series de gran audiencia—, el dúo haya permanecido en la periferia, anónimo. Con Protomensch, ese anonimato calculado llega a su fin. Este álbum es su declaración de intenciones completa, el momento en que dejan de ser un fantasma algorítmico para convertirse en arquitectos de un mundo propio. No es un paso hacia el centro de la escena, sino la creación de una nueva escena alrededor de ellos.

Protomensch es, en definitiva, un logro deslumbrante. Es un disco que se puede disfrutar por sus himnos pop sintéticos, por sus paisajes trance o por sus texturas IDM, pero que revela su verdadera profundidad cuando se escucha como la banda sonora de una pregunta existencial: ¿Qué nos hace humanos en un mundo de nuestra propia creación maquínica? Felsmann + Tiley no ofrecen respuestas, sino un espejo sonoro de lámina. Al abrirlo, el reflejo que devuelve es, inquietantemente, el nuestro.


2026-01-20

Arqueología sonora: el álbum que resucita seis años de rarezas de Violet7rip

 


En la economía digital de la música, los archivos inéditos suelen ser tesoros olvidados o simples curiosidades para fanáticos. Pero cuando un artista como Violet7rip decide desenterrar veinte canciones de su propio pasado y presentarlas bajo el título "Revival", el gesto trasciende lo anecdótico para convertirse en un acto de arqueología emocional. Este álbum no es sólo un regreso; es la reapertura de un portal temporal que conecta dos épocas, uniendo la experiencia acumulada con la promesa de nuevos horizontes. Es el renacimiento de una visión oscura que nunca llegó a extinguirse del todo.

El período de gestación de estas pistas, comprendido entre 2015 y 2021, coincide con un momento crucial para los géneros que Violet7rip abraza: el trap y la witchhouse. Este último, un fantasma digital de la década anterior, y el primero, la fuerza dominante de la escena urbana. "Revival" actúa como un crisol donde estos dos mundos aparentemente dispuestos colisionan y se fusionan con sorprendente naturalidad. No se trata de una simple yuxtaposición, sino de una síntesis genuina: los 808 profundos y las cajas rítmicas trap se envuelven en la bruma espectral, los samples destrozados y los coros etéreos de la witchhouse. Es el sonido de una fiesta en una cripta, donde el bajo retumba en los huesos y las melodías flotan como apariciones.

Lo fascinante de este álbum es cómo las canciones, aunque creadas en el pasado, no suenan como reliquias. Al contrario, la mezcla y posiblemente un leve rediseño contemporáneo les otorgan una vitalidad inquietante. Se percibe la evolución del artista a lo largo de esos seis años: desde la experimentación más cruda y atmosférica hasta composiciones más estructuradas y punzantes. Este viaje interno queda grabado en el vinilo digital, ofreciendo un mapa de su crecimiento creativo. Cada track es una cápsula del tiempo, pero una que aún contiene un gas reactivo.

Para el oyente, "Revival" funciona como una inmersión doble. Por un lado, es la entrada definitiva al universo de Violet7rip para quienes llegaron tarde. Por otro, para quienes seguían su rastro, es la resolución de un misterio, la materialización de rumores y adelantos perdidos en foros oscuros de internet. El álbum cumple su promesa de abrir nuevos horizontes precisamente porque, al revisitar y dar luz a este material, redefine el punto de partida para lo que viene después. Es un acto de cierre necesario para un nuevo comienzo.

Con "Revival", Violet7rip no solo reactiva su proyecto; reivindica la potencia emocional de lo inédito. Demuestra que algunas canciones no nacen para ser instantáneamente consumidas, sino para esperar su momento, madurar en la oscuridad y resurgir con más fuerza. Es un álbum para perderse en sus texturas, para descubrir los ecos de un pasado reciente que ya parece legendario, y para anticipar, con excitación, hacia dónde se dirigirá ahora este renacido faro de la oscuridad electrónica.


2026-01-19

Private Frequency es el sistema operativo sonoro del individuo soberano, por Capital Control

 


Private Frequency es un protocolo auditivo para la construcción del individuo soberano. Bajo la máxima de que “la agresión se dobla hasta convertirse en estructura”, este proyecto musical erige una fortaleza de beats marciales, sintetizadores cortantes y narrativas sampleadas que celebran, sin ambages ni disculpas, el poder de la transacción, la arquitectura del capital y el culto a la autodeterminación férrea.

Capital Control opera desde una filosofía tan clara como polarizante: el capital es el único arquitecto verdadero de la libertad individual y el motor de la evolución humana. "Private Frequency" traduce este ideario en un lenguaje de EBM (Electronic Body Music) industrial, techno de precisión y electro agresivo, donde cada elemento está rigurosamente controlado. Los ritmos no laten; se implantan. Las líneas de bajo no groovean; sirven de cimientos. Los sintetizadores no melódicos; son herramientas de medición y corte. La voz, cuando aparece, es una proclama procesada o un sample de discursos libertarios y teóricos del mercado, transformando cada pista en un seminario de alta energía para la auto-optimización radical.

El título, "Private Frequency" se refiere a la longitud de onda personal, inalienable y encriptada, que el individuo debe sintonizar y defender en un espectro saturado de ruido colectivo. Este álbum es la banda sonora para sintonizar esa frecuencia. No hay lugar para la ambigüedad sentimental o la duda existencial aquí; solo hay la certeza del progreso a través del control, y la libertad a través de la propiedad —sea esta de bienes, ideas o del propio destino.

Musicalmente, el álbum es una obra de ingeniería sónica despiadadamente eficiente. Evoca la frialdad estética de sellos como à;GRUMH..., la precisión rítmica del EBM clásico y la atmósfera distópica de soundtracks cyberpunk. Es música para pensar en algoritmos, para planificar estrategias en una oficina de cristal con vista a una ciudad nocturna, o para entrenar con una intensidad casi ritual. No invita a la rebelión contra el sistema, sino a dominar sus reglas fundamentales y convertirse en su operador más competente.

"Private Frequency" es, en última instancia, un artefacto cultural profundamente ideológico. No busca complacer; busca convertir. Desafía las narrativas musicales convencionales de resistencia para proponer una de dominio personal. Capital Control ha creado más que un álbum: ha codificado un sistema operativo sonoro para el individuo que ve en el mercado, la tecnología y el autocontrol las únicas vías hacia una soberanía verdadera. Un disco para unos pocos, destinado, por diseño, a ser propiedad privada de quienes capten su frecuencia.


2026-01-17

Italo-Disco oscuro y atmosférico: así suena Crépuscule

 


En los últimos latidos de 2025, cuando el año comenzaba a desvanecerse entre luces tenues y promesas futuras, Blue Rita activó un resplandor preciso y elegante: Crépuscule. Lejos de ser un simple regreso, el álbum funciona como un fenómeno atmosférico, una franja horaria suspendida entre el día y la noche donde la nostalgia no es recurso fácil, sino materia prima cuidadosamente destilada.

Tras una campaña de lanzamientos medida al milímetro —el EP Nocta junto a Stella Ombra y los sencillos “Void” y “Crash”—, el disco se presenta como un recorrido coherente por un crepúsculo perpetuo. Cada adelanto cumplió su función como señal luminosa, preparando al oyente para un viaje donde la melancolía se baila y el recuerdo se convierte en estética.

La identidad de Blue Rita se sostiene en una apuesta clara por la autenticidad. En Crépuscule no hay guiños irónicos ni reinterpretaciones edulcoradas del pasado: el Italo-Disco aparece en su forma más fiel y solemne. Los sintetizadores —verdaderos protagonistas— respiran carácter analógico, con pads que flotan como neblina eléctrica y secuencias que laten con la precisión mecánica de los años ochenta. Todo suena pulido, pero nunca frío; bailable, pero cargado de una tristeza elegante que se filtra entre las capas sonoras.

Los ritmos impulsan el cuerpo sin urgencia, invitando a una danza introspectiva. Es música para moverse sin perder la conciencia del entorno: como manejar de noche por una carretera húmeda, con la ciudad reflejándose en el parabrisas y el pensamiento vagando libre. En ese equilibrio entre movimiento y contemplación reside buena parte del encanto del álbum.

Cuando Crépuscule se escucha de principio a fin, los temas previamente conocidos adquieren un nuevo peso narrativo. Nocta aporta su velo etéreo y nocturno; “Void” explora la belleza de los espacios vacíos; y “Crash” actúa como el estallido sintético más directo. Unidos, forman un relato sonoro de nostalgia introspectiva y decadencia luminosa.

Lo que distingue a este trabajo es su oscuridad sutil, casi cinematográfica. Este no es el Italo-Disco soleado de postal mediterránea, sino su reverso urbano y reflexivo. Una versión nocturna que dialoga tanto con los puristas del género como con quienes han llegado a él desde el synthwave y la electrónica retro, buscando algo más que ritmo: buscando emoción.

Crépuscule confirma a Blue Rita como un proyecto de mirada firme y sensibilidad refinada. No intenta reinventar el género, sino demostrar que sigue vivo cuando se le aborda con respeto, coherencia y una visión clara. Un ocaso, sí, pero uno que brilla con la intensidad justa para quedarse en la memoria.


Siamnesia, un álbum que no se escucha: se invoca

 


Siamnesia no es un álbum que se escuche: es un estado al que se ingresa. Con esta nueva obra, Mater Suspiria Vision profundiza su linaje esotérico y cinematográfico hasta convertirlo en un ritual sonoro donde la música funciona como conjuro, la memoria como veneno dulce y la identidad como algo deliberadamente inestable. Acompañado por las presencias vocales de Violette de Lestrange y Anna Luisa Syversen, el proyecto entrega una obra que se mueve entre la invocación, el recuerdo fragmentado y la devoción nocturna.

Desde sus primeros pasajes, Siamnesia se despliega como una procesión lenta bajo lunas de neón. Las texturas electrónicas flotan entre el darkwave, el synth ritual y la música para estados alterados, construyendo paisajes donde los fantasmas no asustan: seducen. Cada pista avanza con la cadencia de un sueño lúcido, como si el tiempo se hubiera desacoplado del mundo diurno para obedecer a otras reglas, más antiguas y menos racionales.

Las voces —etéreas, espectrales, a veces apenas susurradas— no narran historias convencionales. Operan como signos, como símbolos cargados de intención. Violette de Lestrange aporta una presencia sensual y peligrosa, mientras que Anna Luisa Syversen introduce una melancolía ceremonial que refuerza la sensación de estar escuchando algo prohibido, íntimo y deliberadamente ambiguo. No hay estribillos que busquen anclaje: hay frases que se adhieren a la mente como perfumes persistentes.

En Siamnesia, la memoria no es un archivo fiable, sino un territorio contaminado. Los sonidos se repiten, se distorsionan, regresan con ligeras variaciones, como recuerdos que se reescriben cada vez que se evocan. Mater Suspiria Vision entiende la música como una forma de hipnosis: una secuencia de estímulos diseñada no para explicar, sino para transformar. Cada tema funciona como un sigilo sonoro, una marca energética que se activa en quien escucha con atención y entrega.

Más que un lanzamiento, Siamnesia se presenta como una alineación. Un punto de cruce entre sonido, imagen y voluntad. Es un álbum que dialoga con el cine ocultista, la liturgia nocturna y la electrónica como herramienta de alteración perceptiva. Escucharlo implica aceptar la invitación: atarse al filme, al sonido, al proceso de devenir algo distinto.

Con Siamnesia, Mater Suspiria Vision reafirma su lugar como alquimista de la electrónica oscura. Este no es un disco para el consumo rápido ni para la luz del día. Es una obra para cuando el velo es delgado, la absenta está servida y el oyente está dispuesto a recordar —o a olvidar— quién está empezando a ser.


2026-01-16

Nueve pistas, cero indulgencia: el regreso más intransigente de SARIN


Seis años de silencio en la música electrónica pueden diluir una identidad o convertirla en una amenaza latente. En el caso de SARIN —el proyecto del productor Emad Dabiri—, el tiempo ha operado como una cámara de presión. SEARCHING HELL no suena a regreso: suena a irrupción. Es un álbum de nueve pistas que se presenta como una obra total, un manifiesto industrial donde sonido, concepto y violencia estética funcionan como un solo organismo.

El disco deja claro que aquí no hay concesiones. La percusión avanza con disciplina militar, seca y autoritaria, como si cada golpe fuera una orden imposible de desobedecer. Los bajos, saturados y punzantes, se incrustan en el cuerpo más que en el oído, mientras las secuencias rítmicas se despliegan con una precisión quirúrgica que remite tanto a la EBM clásica como a una visión futurista del techno industrial.

Sin embargo, lo verdaderamente inquietante de SEARCHING HELL no es su agresión frontal, sino el modo en que SARIN introduce el contraste. Entre capas de distorsión y beats inflexibles emergen pads atmosféricos amplios, casi luminosos, que aportan una calma engañosa. Son pasajes que no alivian, sino que tensan: breves visiones de belleza sintética atrapadas dentro de una arquitectura opresiva. Esa fricción constante entre violencia y contemplación es uno de los grandes aciertos del álbum.

La voz aparece fragmentada, procesada hasta perder su forma humana. No comunica mensajes explícitos; funciona como residuo emocional, como rastro de angustia y desafío. Es una presencia fantasmagórica que refuerza la narrativa del disco: la de un sujeto que busca autonomía en un entorno diseñado para neutralizarla. Todo en SEARCHING HELL —desde los samples hasta la elección tímbrica— contribuye a esa sensación de resistencia dentro del sistema.

A nivel conceptual, el título no es una metáfora vacía. SEARCHING HELL propone una exploración activa del infierno contemporáneo: un mundo hipertecnificado, vigilado y emocionalmente erosionado. No hay escapismo aquí. SARIN invita a entrar en la maquinaria, a sentir su peso y, en el acto mismo de bailar bajo su dominio, encontrar una forma de afirmación. La pista de baile se convierte en trinchera.

Con este álbum, SARIN no solo reafirma su lugar en el industrial body music: eleva el género a un terreno más ambicioso y visceral. SEARCHING HELL es un disco exigente, físico y conceptual, que hipnotiza tanto como golpea. El resultado es una obra densa, coherente y ferozmente honesta: el sonido de un artista que ha mirado al infierno de frente y ha decidido habitarlo sin bajar la mirada.


2026-01-15

La banda sonora de una nostalgia futura: así suena el viaje introspectivo de Sub Morphine en "LightWave"

 


En la vasta y a menudo saturada galaxia del synthwave, muchos artistas replican la estética, pero pocos logran capturar su alma. Sub Morphine pertenece a esta segunda categoría, y su nuevo álbum, "LightWave", es la prueba definitiva. No se trata de un simple ejercicio de nostalgia por la década de los ochenta, sino de una reinvención emocional de ese futuro prometido, visto desde la perspectiva melancólica e introspectiva del presente. Este disco construye ladrillo a ladrillo paisajes retrofuturistas con arpegios, pads sintetizados y bajos que laten como el corazón de una ciudad que nunca duerme.

Desde el primer compás, Sub Morphine demuestra una comprensión magistral del equilibrio que define al género. Su sonido es a la vez energético y onírico, una dualidad que recorre todo el álbum. Las secuencias de sintetizador avanzan con una pulsión cinematográfica imparable, evocando esa "sensación de impulso en carreteras abiertas" que el propio artista señala como inspiración. Sin embargo, esta energía nunca es agresiva; está envuelta en atmósferas expansivas y melódicas que invitan a la contemplación. Es la banda sonora perfecta para un viaje nocturno, donde la velocidad del coche se combina con la lentitud de los pensamientos.

"LightWave" es, ante todo, una obra de texturas inmersivas. Los pads sintetizados de Sub Morphine son lienzos enormes donde pinta cielos luminosos y horizontes lejanos. Las líneas de bajo, profundas y resonantes, anclan cada tema con una solidez física que contrasta con la etérea belleza de las melodías principales. La producción es impecable, cristalina pero cálida, permitiendo que cada elemento brille sin sacrificar la cohesión del conjunto. No hay un solo sonido fuera de lugar; todo está al servicio de construir un mundo sonoro coherente y fascinante.

Más allá del homenaje retro, lo que distingue a este álbum es su toque de introspección melancólica. Sub Morphine no se conforma con celebrar una época; la utiliza como espejo para reflejar emociones atemporales: la añoranza, la soledad urbana, la esperanza frente a la vastedad del futuro. Esta capa emocional es lo que transforma la escucha de un viaje pasivo a una experiencia personal y resonante. El álbum invita a perderse en sus paisajes, sí, pero también a encontrarse a uno mismo en ellos.

Con "LightWave", Sub Morphine eleva el género. Demuestra que el synthwave puede ser tanto un vehículo para la evasión como para la reflexión, y que la mejor manera de honrar el pasado es usarlo para iluminar nuestro propio presente, por complejo que sea. Es un disco que confirma el poder de los sintetizadores para transportarnos, no a un año específico, sino a un estado de ánimo: ese lugar donde el recuerdo y el sueño se funden en una ola de luz y sonido.


2026-01-14

Un cuaderno de sombras: el inicio de 2026 según The Prayer

 


No todos los años comienzan con celebraciones. Para The Prayer, el 1 de enero de 2026 se abrió como una herida: Diary of Pains no es un disco de propósitos nuevos, sino un inventario emocional de lo que quedó en pie tras un año devastador. Grabado en diciembre de 2025 entre Porz Wahn y Bonn, el álbum se presenta como un cuaderno íntimo donde cada página está escrita con melancolía, distorsión y una honestidad que no pide permiso. Más que un lanzamiento, es una catarsis colectiva.

Aunque el nombre de Ian Miller figure como productor y voz principal, el corazón de Diary of Pains late en plural. La alquimia del grupo es palpable: Wolfgang Monheimius actúa como un arquitecto sonoro total, levantando estructuras con guitarras, bajos, teclados y programaciones; Adrian Walker y Marix Vycos, junto al productor Florian Breuer, expanden el espacio con capas de síntesis que oscilan entre lo glacial y lo alucinatorio. Sobre ese mar denso y cambiante, la voz de Miller emerge como un faro dañado: no guía hacia la costa, pero prueba que aún hay luz.

El álbum se sostiene sobre una base de darkwave y gothic rock, pero se niega a quedar encerrado ahí. Su rasgo más distintivo —y uno de los más arriesgados— es la incorporación de elementos de rock psicodélico turco, que no aparecen como exotismo superficial, sino como un lenguaje emocional alterno. Escalas orientales, pulsos hipnóticos y una sensación de trance ritual convierten el dolor en ceremonia. La pena no se describe: se invoca. El resultado es un sonido que mira tanto hacia la tradición gótica europea como hacia un misticismo más antiguo y circular.

Dentro de este entramado, Diary of Pains funciona como un solo relato fragmentado. No busca singles evidentes ni alivios momentáneos; exige una escucha atenta y continua. Las canciones se encadenan como pensamientos recurrentes, obsesivos, donde la vulnerabilidad convive con una ambición sonora sin complejos. Hay momentos de densidad aplastante y otros de una belleza extraña, casi luminosa, como si el disco encontrara destellos incluso en su propia sombra.

La carga emotiva alcanza un punto especialmente significativo con “Fade Into Black”, dedicada a Perry Bamonte de The Cure, fallecido en la Nochebuena de 2025. Sin caer en el homenaje fácil, la pieza conecta el duelo personal con una pérdida simbólica para la cultura gótica. Es un lamento sincero, escrito desde la influencia pero también desde la identidad propia, que resume el espíritu del álbum: transformar la pérdida en un espacio compartido.

Diary of Pains no es un disco amable ni complaciente. Es ambicioso, oscuro, a ratos excesivo y deliberadamente emocional. Pero en esa mezcla de fuerza y fragilidad reside su valor. The Prayer ha creado un álbum que no pretende salvar a nadie, pero sí acompañar. Un refugio para quienes encuentran consuelo no en la claridad, sino en la profundidad infinita de la sombra.


2026-01-12

Una banda sonora para el amanecer de un año: "Colora Cassette" apertura un gran 2026



En estos primeros días de 2026 que aún pide a gritos su propia banda sonora, Valley Pictures nos entrega "Colora Cassette", un álbum que no es sólo una colección de canciones, sino un experimento sensorial envuelto en celofán cálido. Un ejercicio que, como promete, se derrite en los oídos, pero que deja tras de sí una experiencia más profunda: la de recordar un futuro que nunca existió, y bailar con ese recuerdo.

Desde el primer track "Dreaming Machine", queda claro que Valley Pictures no elige un sólo carril de la amplia autopista de los géneros wave. En su lugar, teje con maestría una tapicería sonora donde el chillwave relajante, la sombra del darkwave, la inmersión del dreamwave y el pulso retro del synthwave no se suceden, sino que coexisten y se fusionan. El resultado es un viaje coherente pero lleno de matices, como los distintos tonos de una misma cinta de casete iluminada por luces neón.

La producción del álbum es un personaje en sí mismo. Logra el difícil equilibrio de sonar a la vez digital y orgánica, futurista y desgastada. Los sintetizadores brillan con una pureza cristalina, pero a menudo están cubiertos por una leve capa de estática o reverberación, evocando la textura de una cinta encontrada en un desván. Los ritmos, omnipresentes y envolventes, no son agresivos, sino hipnóticos; no exigen el baile, sino que lo invitan con un gesto suave y persistente.

Los quince tracks fluyen con una lógica orgánica y una calidad sostenida poco común. No hay rellenos, sino capítulos de un mismo relato sin palabras. Desde los paisajes introspectivos y brumosos hasta los momentos de euforia melancólica más cercanos al synthwave puro, cada pieza aporta un estado de ánimo, un color a la paleta general. Es la clase de álbum que mantiene al oyente anclado, ya sea en un estado de movimiento contemplativo o bailando de principio a fin.

"Colora Cassette" es una invitación a un estado mental. Es la banda sonora perfecta para las madrugadas de contemplación urbana, para los viajes en automóvil o para simplemente cerrar los ojos y dejarse llevar por las corrientes de sintetizador. Valley Pictures no ha creado un artefacto retro; ha creado una cápsula del tiempo para emociones atemporales, y la ha etiquetado con el nombre más acertado: una cinta de colores para un año que, gracias a este disco, empieza con un brillo prometedor y un groove imparable.


Canaan y el arte de habitar la herida en For a bird that never flew

 


Hay dolores que no caben en un formato convencional. No se dejan resumir en diez canciones ni resolverse en cuarenta minutos. Canaan parece partir de esa certeza para dar forma a For a bird that never flew, un álbum doble que no busca síntesis ni consuelo inmediato, sino duración, profundidad y verdad. Más de dos horas de música y veintiséis pistas funcionan aquí como una sola entidad: un cuerpo sonoro extenso, fatigado y lúcido, que documenta quince años de desgaste emocional y supervivencia creativa.

El título es clave y metáfora total. Ese “pájaro que nunca voló” no alude solo al fracaso, sino a la experiencia prolongada del encierro, al peso de un potencial constantemente postergado. Canaan no romantiza esa condición: la expone. El disco se concibe explícitamente como un gesto de necesidad vital, como un lenguaje capaz de contener lo que ya no cabe en la vida cotidiana. No hay pose ni dramatización artificial; hay una urgencia honesta por transformar el dolor en forma.

Uno de los aspectos más reveladores del álbum es el cierre del círculo que la banda plantea respecto a Contro.Luce, su obra seminal de hace quince años. El vínculo no se limita a referencias estéticas o cromáticas; es emocional y estructural. For a bird that never flew retoma aquella semilla inicial para observarla desde el presente, cargada ahora de tiempo, pérdida y conciencia. No es un regreso nostálgico, sino una confrontación: la constatación de que ciertas preguntas, miedos y heridas no desaparecen, solo cambian de forma.

Musicalmente, el álbum se despliega como un vasto paisaje de darkwave, post-punk y atmósferas densas, donde cada elemento parece respirar cansancio y lucidez a partes iguales. Las guitarras reverberantes construyen espacios cerrados e infinitos a la vez; los bajos sostienen un pulso grave y persistente, casi orgánico; los teclados tiñen todo de una penumbra constante. La voz, más cercana a una confesión que a una interpretación, atraviesa el conjunto como un hilo de vulnerabilidad extrema, nombrando miedos, decepciones y fantasmas sin filtros.

La extensión del disco no es un exceso, sino parte de su discurso. Hay momentos de intensidad sostenida, pausas contemplativas, interludios instrumentales y pasajes más abstractos donde el ruido y la repetición reflejan la fragmentación interna. La escucha no es cómoda ni inmediata; exige tiempo, atención y disposición emocional. Pero esa exigencia es precisamente su valor: For a bird that never flew no quiere acompañar de fondo, quiere ser habitado.

En última instancia, este álbum es un acto de resistencia artística. En una cultura que empuja a la positividad forzada y al consumo rápido de emociones, Canaan elige permanecer en la herida, mirarla con honestidad y convertirla en un espacio compartido. No ofrece redención ni promesas de vuelo; ofrece algo quizá más raro y necesario: compañía en la oscuridad. Un nido construido con restos de sueños, donde, aunque las alas no despeguen, la voz sigue cantando. Y eso, a veces, basta para seguir vivo.


2026-01-10

"Starlight", "Chase The Dawn", "Wander", "Long-Lost Smile": los cuatro actos del nuevo viaje de Tristan X


En la historia no escrita de la música, hay trayectorias que no responden a la lógica del regreso triunfal, sino a la del retorno interior. Tristan X pertenece a esa estirpe. Con Wander, el EP que marca una nueva etapa de su recorrido, el artista —conocido en otros tiempos como Le Triste Sire dentro del dark ambient más ritual— no mira hacia atrás con nostalgia, sino que traza un mapa íntimo donde convergen sus distintas identidades creativas.

Wander es un trabajo de tránsito. No de ruptura, tampoco de reafirmación, sino de desplazamiento consciente. Aquí conviven la profundidad atmosférica heredada de sus años en el sello World Serpent con una sensibilidad más melódica y cercana a la darkwave, sin que ninguna de las dos domine por completo. El resultado es un EP que se siente como una caminata nocturna: constante, reflexiva, sin prisa por llegar a un destino concreto.

La gran fortaleza del disco es su cohesión emocional. Tristan X no concibe estas piezas como canciones aisladas, sino como estaciones de un mismo recorrido. Las atmósferas envolventes, los sintetizadores que respiran más de lo que brillan, las percusiones medidas y la voz femenina  construyen un clima dinámico.

Con Wander, Tristan X demuestra que su propuesta sigue siendo singular dentro de la música oscura contemporánea.


2026-01-09

Bilingüe, nocturno y devoto: el nuevo universo emocional de Ex Lover

 


En el mapa musical de Estados Unidos, Omaha, Nebraska, suele asociarse al indie y al heartland rock. Sin embargo, Ex Lover emerge desde ahí como una anomalía: un proyecto bilingüe que alterna con naturalidad entre el inglés y el español para construir un universo propio. Su nuevo álbum, Made in Heaven, no responde a coordenadas geográficas, sino emocionales. Es un disco de post-punk nocturno donde la devoción, el deseo y la melancolía se articulan a través del ritmo y la penumbra.

Disponible ya en plataformas digitales tras un lanzamiento medido —con su adelanto en julio del año pasado "Perro"  que descubirmos por Bandcamp—, Made in Heaven se presenta como una experiencia inmersiva más que como una suma de canciones. Ex Lover entiende el post-punk como un territorio de tensiones: lo frío convive con lo cálido, lo bailable con lo introspectivo, la inmediatez con una niebla emocional que todo lo envuelve. El resultado es un álbum que se mueve con soltura entre la pista de baile y el cuarto oscuro de la memoria.

Made in Heaven se revela como un álbum coherente y emocionalmente denso. El bilingüismo no es un truco identitario, sino una herramienta expresiva que refuerza la sensación de desdoblamiento: amar en dos lenguas, sufrir en dos registros, bailar con el cuerpo mientras la mente se queda suspendida en otro lugar. Ex Lover no solo entrega un disco de post-punk contemporáneo; construye un club mental donde la tristeza, la devoción y el ritmo coexisten sin contradicción.

Made in Heaven suena a bajos profundos, guitarras en eco y voces que parecen compartir secretos al oído. Un álbum para bailar despacio, con el corazón expuesto, bajo la certeza de que incluso la melancolía puede ser un acto de fe.


2026-01-08

Spuugduivel congela el gótico holandés con su nuevo single


Desde las brumas del norte europeo, donde los canales reflejan fachadas antiguas como espejos negros, Spuugduivel reaparece con un sencillo que no busca comodidad ni repetición. horrorwinter es una pieza de transición y, al mismo tiempo, una toma de postura estética: el Dutch Gothic deja de caminar únicamente entre catedrales en ruinas para internarse en paisajes industriales congelados, iluminados por luces estroboscópicas y vapor metálico.

Lejos de abandonar su ADN, la banda lo condensa y lo endurece. El imaginario de vampiros, sombras y mitología nocturna sigue intacto, pero ahora viaja sobre secuencias electrónicas rígidas y pulsos EBM que laten como un corazón mecánico bajo capas de escarcha sonora. El dramatismo romántico del gótico clásico se enfría, se vuelve más físico, más corporal: menos contemplación, más movimiento.

La cara A, “HORRORWINTER”, funciona como eje conceptual del lanzamiento. Una línea de bajo profunda y repetitiva —heredera directa del EBM más ortodoxo— sostiene una atmósfera de tensión constante, mientras los sintetizadores dibujan melodías heladas que conservan un dejo melancólico. La voz emerge firme, casi ritual, como una invocación en medio de un páramo invernal. Aquí, el horror no es solo narrativo: se siente en la temperatura emocional del track. Es música para avanzar con pasos pesados, para resistir el invierno a través del movimiento.

En contraste, “Bibberdebibber” revela el costado más inquieto y experimental de Spuugduivel. Su título, que evoca el temblor, se traduce en un ritmo nervioso y fragmentado, donde el industrial se manifiesta de forma más abstracta. Samples, distorsiones y texturas digitales generan una sensación de desasosiego controlado, como si la pista misma vibrara de frío. Es el reverso menos solemne y más lúdico del sencillo, una prueba de que la banda puede deformar su estética sin diluirla.

horrorwinter es, en suma, una evolución coherente y valiente. Spuugduivel demuestra que la oscuridad no es un museo, sino un territorio vivo que puede mutar sin perder su esencia. Este sencillo amplía el vocabulario del Dutch Gothic, traduciéndolo al lenguaje rítmico y acerado del presente. Un paso firme hacia un invierno eterno, sí, pero uno que se baila con botas de acero. 


2026-01-07

Bailar mientras el sistema se quiebra: el debut abrasivo de Silent Pulse Kinetik


El estruendo en Counting Gang Violence no es un gesto estético ni una provocación vacía. En manos de Silent Pulse Kinetik, el ruido adquiere forma, intención y dirección. Su álbum debut irrumpe como un manifiesto lanzado contra una estructura oxidada: duro, frontal y consciente de su propio peso. Aquí, el industrial no es refugio de nihilismo, sino una herramienta de lectura política, un sistema rítmico que mide la violencia con la frialdad analítica de una máquina… y la rabia de quien vive dentro de ella.

Desde los primeros compases queda claro que este no es un disco diseñado únicamente para la pista de baile. Los beats pesados y mecánicos —que recuerdan a una cadena de montaje forzada hasta el límite— funcionan como metáfora audible de los engranajes sociales que perpetúan la desigualdad. Cada golpe de percusión, cada bajo distorsionado, cada sample cortado con bisturí sonoro cumple una función argumentativa: no adornan, denuncian.

El título del álbum es clave para entender su enfoque. Counting Gang Violence no propone un recuento morboso de víctimas ni una narrativa simplista sobre la violencia urbana. Al contrario, Silent Pulse Kinetik desplaza el foco hacia las causas estructurales: la desinversión crónica, el racismo sistémico, la violencia económica y la quiebra de las instituciones públicas. Las letras, directas y sin concesiones, operan como ensayos comprimidos en ritmo y distorsión, insistiendo en el “por qué” antes que en el “quién”.

Musicalmente, el álbum se sostiene sobre una arquitectura sólida de industrial rítmico. La sincopación tensa, los sintetizadores que chillan como alarmas urbanas y las secuencias repetitivas crean una atmósfera de urgencia constante. Sin embargo, bajo esa aspereza hay un trabajo compositivo preciso que mantiene al oyente en movimiento. Es un disco que obliga a una doble respuesta: el cuerpo reacciona al pulso mientras la mente procesa el mensaje.

Counting Gang Violence no busca comodidad ni consenso. Es un álbum que incomoda a propósito, que convierte la pista de baile en un espacio de confrontación y reflexión. Silent Pulse Kinetik demuestra que el industrial sigue siendo un lenguaje vigente para articular protesta y conciencia, recordándonos que el ruido, cuando se organiza con inteligencia, puede convertirse en una forma poderosa de pensamiento crítico. A veces, contar la violencia implica aprender a escuchar su ritmo.



2026-01-05

Acero, voltaje y control: la maquinaria sonora de Severed

 


El silencio previo al impacto rara vez es tan elocuente. En Severed, Coldlink regresa tras un prolongado paréntesis con un EP que no pretende explicar su ausencia, sino justificarla. Cuatro pistas bastan para dejar claro que aquí no hay concesiones: esto es electro-industrial diseñado con la precisión de una máquina de guerra y la furia controlada de un sistema a punto de sobrecargarse.

Desde el primer pulso sintético, Severed se rige por una lógica de ingeniería sonora. Los ritmos avanzan como engranajes perfectamente sincronizados, los bajos golpean con una densidad sísmica y las texturas electrónicas cortan el aire con un brillo metálico. Coldlink no evoca fábricas abandonadas ni nostalgia industrial; su sonido remite a un complejo futurista en pleno funcionamiento, donde la eficiencia es tan intimidante como hipnótica.

Cada corte del EP funciona como una fase de asalto. Las líneas de bajo, afiladas y tensas, se entrelazan con secuencias de sintetizador que parecen pulidas con cromo líquido, mientras los beats —programados con una frialdad casi militar— activan el cuerpo de manera involuntaria. La voz, tratada y distorsionada hasta convertirse en un instrumento más, irrumpe como una proclama desde el centro del sistema: no lidera, ordena. Es una presencia que aporta tensión narrativa y una dosis precisa de angustia contenida.

El gran acierto de Severed reside en su equilibrio entre brutalidad y control. La agresión nunca se desborda; está perfectamente canalizada por una producción cristalina que permite distinguir cada elemento incluso en los pasajes más densos. No hay saturación gratuita ni ruido decorativo: todo está ahí por una razón. Es música que exige volumen alto, no como gesto de exceso, sino como condición necesaria para que el espacio físico se transforme y la experiencia se complete.

Con este EP, Coldlink no sólo vuelve al circuito: reafirma su autoridad. Severed es conciso, letal y quirúrgico, una descarga de electro-industrial contemporáneo que recuerda por qué este género sigue siendo un vehículo privilegiado para la catarsis cinética. La pausa terminó. El sistema está activo. Y el pulso ya no se puede ignorar.


BALDUVIAN BEARS y el arte de hacer cálida la tristeza


 

Ursine, el nuevo EP de BALDUVIAN BEARS, llega como un gesto de resistencia silenciosa. No busca seducir con grandes estribillos ni con producciones pulidas hasta el exceso; su fuerza está en lo frágil, en lo que tiembla. Escucharlo es como hallar una carta manuscrita entre papeles viejos: imperfecta, íntima y profundamente honesta.

Detrás del proyecto se encuentra Leo Voss, multiinstrumentista esquivo que, en este trabajo, deja atrás las formas más definidas de su material anterior para internarse en un paisaje onírico y deliberadamente lo-fi. El sonido de Ursine parece filtrado por una cinta de cassette gastada por el tiempo, con sintetizadores analógicos que se deslizan de manera sinuosa y texturas que evocan polvo, penumbra y memoria. No es nostalgia vacía, sino una elección estética que funciona como idioma emocional: cada ruido, cada imperfección, dice algo que las palabras no alcanzan.

Las canciones de Ursine son pequeñas devastaciones contenidas. La arquitectura sonora es minimalista, casi ascética: pads que respiran lentamente, percusiones reducidas a pulsos esenciales y silencios que pesan tanto como las notas. En el centro de todo está la voz de Voss, frágil y cercana, más un susurro confesional que una interpretación convencional. En SORROW, la tristeza se vuelve corpórea, un dolor que no grita, pero tampoco se esconde. Por su parte, 2 HEARTS introduce una grieta de luz: una esperanza delicada, vulnerable, que no promete redención, pero sí compañía.

El mayor logro de Ursine es su capacidad para convertir el desconsuelo en un espacio habitable. BALDUVIAN BEARS no intenta anestesiar el dolor ni embellecerlo artificialmente; lo observa de frente y lo transforma en algo cálido, casi protector. El EP captura con precisión la sensación de sentirse sobrepasado en un mundo saturado de estímulos y emociones prefabricadas, ofreciendo en su lugar una pausa, un refugio sonoro para quienes aún conviven con sus fantasmas.

Escuchar Ursine con los ojos cerrados no es solo un ejercicio musical, sino un acto de introspección. BALDUVIAN BEARS ha construido aquí algo más que un conjunto de canciones: ha creado un espacio seguro donde la melancolía no pesa, acompaña, y donde la imperfección se convierte en la forma más sincera de belleza.


2026-01-02

Sally Shapiro y el arte de la remezcla como acto de amor

 


En el territorio donde el synth-pop y el italo disco se miran como viejos amantes, Sally Shapiro sigue siendo una brújula emocional. Ready To Live A Lie (The Remixes) no funciona como un apéndice oportunista de su álbum de regreso, sino como una expansión natural de su universo: un álbum que respira gratitud, memoria compartida y futuro posible. Aquí, las canciones originales se abren como habitaciones secretas donde distintos productores entran no para cambiar los muebles, sino para encender nuevas luces.

Lo que distingue a este proyecto es su dimensión afectiva. Para muchos de los remezcladores, Sally Shapiro no es sólo una referencia estética, sino una banda sonora personal. Productores como Lifelike, Douze y Tommy ’86 (cómplices históricos del proyecto) regresan con la soltura de quien conoce cada grieta emocional del sonido Shapiro: la voz cristalina y casi ingenua de Sally flotando sobre los arreglos melancólicos y luminosos de Johan Agebjörn. Sus versiones no buscan imponerse, sino profundizar, como si escucharan entre líneas aquello que ya estaba insinuado.

En contraste, las nuevas voces aportan una mirada fresca sin romper el hechizo. Boys’ Shorts convierte Did You Call Tonight en un sueño disco de pista lenta, envuelto en brillos suaves y nostalgia nocturna, mientras que Armonics toma el mismo tema y lo impulsa hacia un clímax clubbing elegante, demostrando la elasticidad emocional de la composición. En uno de los momentos más ingeniosos del álbum, Nicolaas y Mario Pak cruzan Rent de Sally Shapiro con el clásico de Pet Shop Boys, creando un juego de espejos pop coronado por un saxofón hipnótico de Steve Moore que parece surgir de una madrugada eterna.

El costado más cinematográfico aparece en Rain, transformada en una pieza épica y atmosférica, casi una partitura para un thriller neo-noir: luces de neón, calles mojadas y un pulso emocional que se expande con cada compás. Es en estos pasajes donde el álbum confirma su ambición: no solo hacer bailar, sino narrar escenas, estados de ánimo, recuerdos que no sabemos si vivimos o imaginamos.

Ready To Live A Lie (The Remixes) es, en última instancia, un acto de resonancia. Un homenaje circular donde los oyentes de ayer se convierten en los colaboradores de hoy y donde cada reinterpretación confirma que la esencia de Sally Shapiro (esa mezcla de fragilidad, romanticismo y melancolía luminosa) no se desgasta con el tiempo. Al contrario: se refracta, se multiplica y sigue encontrando nuevos cuerpos en los que bailar.

"FOREVER REMIXES" es una mirada al futuro, donde el industrial y el witch house se fusionan en nuevas dimensiones

  Cuando RITUALZ publicó "FOREVER" a finales de 2025, no era simplemente un álbum doble de celebración por quince años de trayecto...