En estos primeros días de 2026 que aún pide a gritos su propia banda sonora, Valley Pictures nos entrega "Colora Cassette", un álbum que no es sólo una colección de canciones, sino un experimento sensorial envuelto en celofán cálido. Un ejercicio que, como promete, se derrite en los oídos, pero que deja tras de sí una experiencia más profunda: la de recordar un futuro que nunca existió, y bailar con ese recuerdo.
Desde el primer track "Dreaming Machine", queda claro que Valley Pictures no elige un sólo carril de la amplia autopista de los géneros wave. En su lugar, teje con maestría una tapicería sonora donde el chillwave relajante, la sombra del darkwave, la inmersión del dreamwave y el pulso retro del synthwave no se suceden, sino que coexisten y se fusionan. El resultado es un viaje coherente pero lleno de matices, como los distintos tonos de una misma cinta de casete iluminada por luces neón.
La producción del álbum es un personaje en sí mismo. Logra el difícil equilibrio de sonar a la vez digital y orgánica, futurista y desgastada. Los sintetizadores brillan con una pureza cristalina, pero a menudo están cubiertos por una leve capa de estática o reverberación, evocando la textura de una cinta encontrada en un desván. Los ritmos, omnipresentes y envolventes, no son agresivos, sino hipnóticos; no exigen el baile, sino que lo invitan con un gesto suave y persistente.
Los quince tracks fluyen con una lógica orgánica y una calidad sostenida poco común. No hay rellenos, sino capítulos de un mismo relato sin palabras. Desde los paisajes introspectivos y brumosos hasta los momentos de euforia melancólica más cercanos al synthwave puro, cada pieza aporta un estado de ánimo, un color a la paleta general. Es la clase de álbum que mantiene al oyente anclado, ya sea en un estado de movimiento contemplativo o bailando de principio a fin.
"Colora Cassette" es una invitación a un estado mental. Es la banda sonora perfecta para las madrugadas de contemplación urbana, para los viajes en automóvil o para simplemente cerrar los ojos y dejarse llevar por las corrientes de sintetizador. Valley Pictures no ha creado un artefacto retro; ha creado una cápsula del tiempo para emociones atemporales, y la ha etiquetado con el nombre más acertado: una cinta de colores para un año que, gracias a este disco, empieza con un brillo prometedor y un groove imparable.