La gran industria musical a menudo celebra llegadas triunfales. El prestigioso sello Mute, sin embargo, acoge a Felsmann + Tiley con lo que parece una llegada desde el futuro, o quizás desde un pasado primigenio reimaginado. Protomensch, el nuevo álbum del misterioso dúo alemán, no es solo un disco; es un artefacto cultural total, un paquete estético y filosófico cuyo primer gesto es el silencio roto y cuya culminación es un espejo. Lanzado el 13 de febrero de 2026 en un vinilo negro de edición limitada con un gatefold que esconde un autorretrato de lámina espejo, este trabajo obliga al oyente a confrontarse a sí mismo en medio de un paisaje sonoro donde el synth-pop, el trance y la IDM chocan para cuestionar la propia esencia humana.
El concepto de "protomensch" (proto-humano) es el núcleo de todo. Felsmann + Tiley no exploran el transhumanismo glorioso, sino una figura trágica: un ser de alta inteligencia pero miopía irremediable. Esta dicotomía entre conciencia y limitación, entre ser sintiente y máquina, impregna cada nota. Musicalmente, este conflicto se traduce en una síntesis audaz y magníficamente ejecutada. Los colores brillantes del synthwave y las melodías pop (potenciadas por colaboraciones con voces como las de Pet Deaths, The Kite String Tangle, Woodes y Laius) chocan contra las pulsiones hipnóticas del trance y las estructuras fracturadas de la IDM. Es una música que a la vez invita al baile e interrumpe el éxtasis con pausas de introspección digital, creando una sensación de belleza inquietante y nostalgia por un futuro que nunca fue.
La narrativa del álbum está sostenida por una mitología visual tan poderosa como la sonora. El chimpancé con cuello de tortuga de la portada, los videos futuristas y la estética depurada de sus redes sociales no son mera mercadotecnia; son extensiones del relato. Incluso sus avanzados shows en vivo, creados con decenas de artistas visuales, buscan sentar al espectador frente al espectáculo de su propia evolución (o involución). Esta coherencia absoluta entre sonido, imagen y concepto es lo que convierte Protomensch en una "obra de arte total" para la era digital.
Es irónico que, a pesar de su omnipresencia en línea —impulsada por su reinterpretación viral de "Solitude" de M83 y sus sincronizaciones en series de gran audiencia—, el dúo haya permanecido en la periferia, anónimo. Con Protomensch, ese anonimato calculado llega a su fin. Este álbum es su declaración de intenciones completa, el momento en que dejan de ser un fantasma algorítmico para convertirse en arquitectos de un mundo propio. No es un paso hacia el centro de la escena, sino la creación de una nueva escena alrededor de ellos.
Protomensch es, en definitiva, un logro deslumbrante. Es un disco que se puede disfrutar por sus himnos pop sintéticos, por sus paisajes trance o por sus texturas IDM, pero que revela su verdadera profundidad cuando se escucha como la banda sonora de una pregunta existencial: ¿Qué nos hace humanos en un mundo de nuestra propia creación maquínica? Felsmann + Tiley no ofrecen respuestas, sino un espejo sonoro de lámina. Al abrirlo, el reflejo que devuelve es, inquietantemente, el nuestro.
