Siamnesia no es un álbum que se escuche: es un estado al que se ingresa. Con esta nueva obra, Mater Suspiria Vision profundiza su linaje esotérico y cinematográfico hasta convertirlo en un ritual sonoro donde la música funciona como conjuro, la memoria como veneno dulce y la identidad como algo deliberadamente inestable. Acompañado por las presencias vocales de Violette de Lestrange y Anna Luisa Syversen, el proyecto entrega una obra que se mueve entre la invocación, el recuerdo fragmentado y la devoción nocturna.
Desde sus primeros pasajes, Siamnesia se despliega como una procesión lenta bajo lunas de neón. Las texturas electrónicas flotan entre el darkwave, el synth ritual y la música para estados alterados, construyendo paisajes donde los fantasmas no asustan: seducen. Cada pista avanza con la cadencia de un sueño lúcido, como si el tiempo se hubiera desacoplado del mundo diurno para obedecer a otras reglas, más antiguas y menos racionales.
Las voces —etéreas, espectrales, a veces apenas susurradas— no narran historias convencionales. Operan como signos, como símbolos cargados de intención. Violette de Lestrange aporta una presencia sensual y peligrosa, mientras que Anna Luisa Syversen introduce una melancolía ceremonial que refuerza la sensación de estar escuchando algo prohibido, íntimo y deliberadamente ambiguo. No hay estribillos que busquen anclaje: hay frases que se adhieren a la mente como perfumes persistentes.
En Siamnesia, la memoria no es un archivo fiable, sino un territorio contaminado. Los sonidos se repiten, se distorsionan, regresan con ligeras variaciones, como recuerdos que se reescriben cada vez que se evocan. Mater Suspiria Vision entiende la música como una forma de hipnosis: una secuencia de estímulos diseñada no para explicar, sino para transformar. Cada tema funciona como un sigilo sonoro, una marca energética que se activa en quien escucha con atención y entrega.
Más que un lanzamiento, Siamnesia se presenta como una alineación. Un punto de cruce entre sonido, imagen y voluntad. Es un álbum que dialoga con el cine ocultista, la liturgia nocturna y la electrónica como herramienta de alteración perceptiva. Escucharlo implica aceptar la invitación: atarse al filme, al sonido, al proceso de devenir algo distinto.
Con Siamnesia, Mater Suspiria Vision reafirma su lugar como alquimista de la electrónica oscura. Este no es un disco para el consumo rápido ni para la luz del día. Es una obra para cuando el velo es delgado, la absenta está servida y el oyente está dispuesto a recordar —o a olvidar— quién está empezando a ser.
