2026-02-26

Kraftwerk revitalizado: el sonido de Maschine Brennt actualiza la herencia alemana sin caer en la nostalgia

 


Joacim Thenander pasó meses en soledad frente a sus sintetizadores. Sin ingenieros, sin productores externos, sin miradas que juzgaran el proceso. Solo él y las máquinas, en una conversación prolongada que terminó por convertirse en "Music for Machines", un álbum que lleva el título con una honestidad casi quirúrgica: esto es música hecha por y para dispositivos electrónicos, aunque en sus pliegues se cuele inevitablemente lo humano.

Lo primero que llama la atención es la firma artesanal de todo el proceso. Thenander no sólo compuso las piezas: las programó, las interpretó, las produjo. Cada decisión sonora lleva su huella, y eso se nota en la coherencia interna del trabajo. No hay interferencias, no hay capas añadidas por compromiso. Lo que suena es lo que él quiso que sonara, en el orden y la intensidad precisos.

Las comparaciones con Kraftwerk son inevitables y, en este caso, justas. Pero no porque Thenander los imite, sino porque recoge la herencia y la hace avanzar unos pasos. Donde los alemanes construyeron catedrales de minimalismo electrónico, él levanta estructuras más flexibles, con un pulso contemporáneo que las hace reconocibles sin caer en la nostalgia fácil. Es como si el espíritu de Düsseldorf hubiera viajado en el tiempo y aterrizado en un estudio actual con la orden de no repetir viejas fórmulas, sino de preguntarse qué sonido habrían buscado aquellos pioneros si dispusieran de las herramientas de hoy.

El álbum fluye con una naturalidad mecánica, paradójicamente orgánica. Las piezas no se apresuran, no necesitan demostrar nada. Construyen sus atmósferas ladrillo a ladrillo, dejando que el oyente se acerque a ellas en lugar de salir a su encuentro. Es música que no mendiga atención, pero la retiene sin esfuerzo cuando se le presta.

Al final, "Music for Machines" plantea una pregunta incómoda: si las máquinas hicieran música para sí mismas, ¿sonaría así? Probablemente no. Porque detrás de cada secuencia, de cada elección armónica, está la mano de Thenander decidiendo qué merece quedarse y qué debe desaparecer. Lo humano, al final, se cuela por las rendijas.


Kraftwerk revitalizado: el sonido de Maschine Brennt actualiza la herencia alemana sin caer en la nostalgia

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