2026-02-25

SISSY MISFIT lanza su tercer disco: ruido controlado, voces integradas y una anomalía pop que no pide permiso


 La primera vez que suena "SISSY FXXXCKING MISFIT" algo se desplaza en el aire. No es solo música: es una fiesta molecular, una descomposición controlada del sonido que encuentra su orden en el desorden. SISSY MISFIT, el proyecto que se autodenomina "anomalía pop", entrega aquí su tercer asalto de estudio y lo hace con la seguridad de quien sabe que ha encontrado una fórmula —aunque esa fórmula consista precisamente en no tenerla.

Lo más inmediato que golpea es la textura. Áspera, sí, pero nunca hostil. Los elementos más duros no se lanzan contra el oyente, sino que se deslizan por la mezcla como si siempre hubieran estado ahí, como si el ruido fuera parte natural del mobiliario sonoro. La producción respira con una confianza poco común: las voces no compiten por el protagonismo, ocupan su lugar y dejan que el resto del ecosistema florezca a su alrededor. Es un gesto de madurez en un género donde lo fácil sería saturar cada espacio disponible.

"SISSY FXXXCKING MISFIT" no es un disco que se entregue completo a la primera escucha, ni que responda a las mismas preguntas para todo el mundo. Funciona como un prisma: según cómo lo mires, refleja algo distinto. Para unos será la banda sonora de una noche sin retorno; para otros, un experimento que no pide visita frecuente. Y eso, en sí mismo, es un logro.

En el fondo, lo que SISSY MISFIT ha construido aquí es un espacio donde conviven lo urgente y lo meditado, la pista de baile y la habitación a oscuras. Un lugar donde el pop se deforma lo suficiente para volverse interesante, pero no tanto para resultar irreconocible. Una anomalía, sí. Pero de las que merece la pena seguir.


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